Marianne Kohler (@espacioaguadeluz) es Psicóloga Clínica formada en la visión Humanista Transpersonal con Postítulo en Terapia Estratégica Breve. Diplomada en Terapia Floral y Reiki. Directora y Fundadora de Espacio Terapéutico Agua de Luz,  www.espacioaguadeluz.cl 

El proceso de reconocernos y escuchar nuestra voz es algo que toma tiempo. Muchas veces, nos vemos inmersas en tantos roles que nos podemos confundir, olvidar y, poco a poco, apagar y dejar atrás algo tan fundamental como nuestra voz, nuestra verdad. Es fácil perdernos en eso, más aún si estamos viviendo una pandemia y en confinamiento. Vivir diferentes situaciones de estrés puede hacer que nuestros gustos, ideas, y todo eso con lo que nos sentimos vivas, vaya perdiendo prioridad, por eso es importante que en momentos así contemos, más que nunca, con nosotras, porque en medio del caos es cuando más nos necesitamos.

Con la intención de ayudarte a reencontrar tu voz en caso de que esté algo perdida, aquí te dejo 3 claves para rescatarla.

  1. Atrevernos a cuestionar (nos): Preguntarnos y reflexionar sobre nosotras y nuestra vida es un primer paso fundamental para reconocernos. Aunque sea incómodo (para nosotras y los demás), respondamos estas preguntas: ¿Es esto lo que realmente soy y lo que realmente quiero para mí o es producto de la historia única que me han contado? ¿Me defino desde mí o desde los que opinan los demás? Tener más preguntas que respuestas nos llevará de vuelta a nosotras mismas. ¿Conocemos nuestros gustos, nuestras habilidades, lo que nos hace vibrar? ¿Tenemos claro lo que no nos gusta y la manera de poner nuestros límites?
  2. Encontrar nuevas narrativas: Una vez cuestionado lo anterior, si entonces no soy eso, ¿quién soy? Permite, si es necesario, que surja una nueva construcción. Buscar esas cosas que nos hagan sentir a gusto con quiénes somos, sin importa el juicio o la etiqueta. Conectar con nuestra niña interna, acordarnos de las actividades que nos encantaba hacer en ese tiempo. Recordar todo eso que éramos y hacíamos antes de todo condicionamiento ayudará a reconstruir.
  3. Conectar con nuestro cuerpo: Habitar nuestro templo es poder sentirnos completas con quienes somos, sin miedo a expresarnos, sin miedo a estar con nosotras mismas, tolerándonos y amándonos en todos nuestros ciclos; dar lugar al goce y al placer, dentro de nuestras propias realidades. Dedicarme tiempo a mí es una manera de reducir algunos mandatos y dar espacio a la persona que soy. Al conectar con el cuerpo, acallamos la mente y surge la verdad del alma.

Démonos el permiso de resurgir y cambiar las veces que sea necesario. Encontrémonos, perdámonos y volvámonos a encontrar hasta que nos convirtamos en esa persona que resuena con nuestro sentir. Hasta que nos sintamos cómodas con nuestra piel y actuar y podamos nosotras mismas sostenernos en los momentos más adversos.