Por:Carlos Enrique Pellegrini.Analista de Social Media en Emirates AirlinesFB: travelpadsIG: travellingpads

Bakú

La capital de Azerbaiyán presenta una inusual mezcla de vestigios del bloque soviético con el romanticismo del continente europeo. Fue reconstruida en gran medida gracias al poder económico de este emergente país. Aún siendo su población mayormente practicante de la religión musulmana, se pueden encontrar otros grupos religiosos en minorías armónicas tales como el Cristianismo y el Judaísmo. Al transitar sus calles, es evidente que esta metrópolis fue reformada completamente para hoy disfrutar de una organización envidiable y funcional. Pero no todo es color de rosa, como suele suceder en muchos países la capital no es un fiel reflejo del resto del territorio. Al extender nuestra mirada hacia los suburbios y las afueras de Bakú, vivenciamos otra faceta de la ciudad, una más oscura y relegada. Los barrios circundantes al centro ya no cuentan con el mismo orden y limpieza antes vistos. Las calles comienzan a desbordar de vendedores ambulantes y puestos transitorios. Las imperfecciones del asfalto son frecuentes y el tráfico caótico. En estos parajes uno se siente transportado a una población del Medio Oriente golpeada por su historia y su pobreza. Son pocos los países consistentes con su capital y pareciera que el parámetro es el contraste entre el nivel social y el poder económico.

Rocas de fuego

Mi capacidad de asombro frente a las maravillas terrenales es ilimitada. Al ver fuego brotar de una formación rocosa en pleno día, me inclino en reverencia ante tal demostración de poder. Gases milenarios en una combustión eterna emanan de conductos ocultos a la vista. El resultado?, llamaradas azules y rojas danzando en un continuo proceder. Me aproximo a esta inagotable fuente de calor limitado por mi propio instinto de supervivencia. Y al presenciar tal majestuosidad geológica, siento la certeza de que su llama es eterna.

Arte rocoso

Lienzos traducidos en bloques rocosos bajo la inclemencia del tiempo. Enfoco intensamente la mirada para desdibujar siluetas humanas en situaciones cotidianas. Danzas, rituales, cazadores y hasta ceremonias religiosas se orquestan sobre las rocas. Quizás, enseñanzas para futuras generaciones, quizás, pasatiempos de pueblos milenarios. Testimonios de una cultura lejana y extinta. Al presenciar estas expresiones artísticas siento la necesidad de fomentar su preservación. Así, entenderíamos que la naturaleza humana es tan evolutiva como trascendental.

Centro Heydar Aliyev

El Centro de exposiciones Heydar Aliyev merece una mención en este relato de viaje. Su grandiosidad es evidencia del genio de su creadora, la arquitecta Zaha Hadid. Una simple mirada desde la distancia es suficiente para sentirse transportado a un futuro posible en materia de diseño urbano. Las intangibles curvas de este colosal edificio se confunden con el horizonte y no es inusual sentirse desorientado. Inevitablemente proyecto en mi imaginario una ciudad colmada de estructuras similares y la ciencia ficción pierde su ficción. Dedico una buena porción de mi tiempo a capturar imágenes con mi cámara. El edificio es extremadamente fotogénico y denota una elegancia postmoderna. La arquitecta ha plasmado

sus visiones revolucionarias en distintos puntos del globo. Algunas han quedado inconclusas luego de su muerte y sospecho que el encargado de concluirlas enfrenta una tarea colosal.

Comida Azerbaiyáni

La comida Azerbaiyáni transmite una hospitalidad palpable. Cada bocado es un descubrimiento en sí mismo y la degustación comienza inesperadamente. Los sabores no resultan familiares y la curiosidad cobra protagonismo. No sería justo afirmar que estos sazones me resultaron completamente desconocidos ya que la comida Azerbaiyáni comparte similitudes con la de países como Armenia y Georgia. Entre los platos más representativos se encuentra el Pilaf, un plato compuesto de arroz, vegetales y carnes cocinadas a la perfección.

Azerbaiyán, la mera pronunciación de este país evoca en mí una sensación de incertidumbre y curiosidad. La aproximación a países de este estilo me aleja de lo conocido y alimentan mi deseo de profundizar en sus culturas.