La tensa situación social y política que vive Honduras desde la reelección de Juan Orlando Hernández como Presidente. Acusaciones de corrupción en los comicios y el caso omiso a las organizaciones internacionales que acusaron en el país violaciones a los Derechos Humanos, han hecho de un caldo de cultivo para la violencia y el narcotráfico. Las “Maras” (o pandillas organizadas) se toman los sectores periféricos de la capital y ejercen su propia ley, amedrentando a los habitantes e infundiendo miedo en la población.

Así es cómo, finalmente como cuerpo organizado, más de 3000 hondureños deciden migrar a los Estados Unidos en busca de nuevas oportunidades y refugio. El sábado pasado partieron desde San Pedro Sula con el objetivo de cruzar las fronteras de Guatemala y México para llegar al país norteamericano.

Las noticias esta semana no han parado de hablar de la condición precaria en que viajan y de las riesgosas condiciones para los niños y jóvenes que van en el grupo y por supuesto, también las declaraciones de Trump, catalogando de “delincuentes” a los emigrantes y sus amenazas a los países limítrofes de quitar toda ayuda si es que estos les permiten el paso.

Tanto el Salvador como Guatemala y México, decidieron abrirles el paso a pesar de las amenazas, respetando el Pacto Global por la Migración, que promueve la migración segura, regular y ordenada, según un comunicó la presidencia de México y, actualmente, ya se están acumulando en el río Suchiate (frontera de Guatemala y México), algunos arriesgando su vida cruzando al nado.

A pesar de la dura realidad de las 300 personas que diariamente piden asilo en México (proceso que dura 40 días aprox.) las autoridades advierten que no permitirán el ingreso ilegal y que están dispuestas a ayudar a las personas cuya condición de origen se garantice víctima de peligro y violencia, así como también a resguardar el camino de regreso seguro para quienes desistan de emigrar (según cifras de la BBC ya han desistido 2000 personas).

ONGs como World Vision y Yo Amo Guatemala entre otras, involucradas en el apoyo a la caravana insisten en el apremio humanitario que expone la situación y advierten de posibles emergencia sanitarias de las personas donde se estima que 1 de cada 4 son niños. Sin embargo, la situación para la Casa Blanca genera cuestionamientos ya que, más allá de la natural representación de esperanza que es Estados Unidos para muchos países, la pregunta que se hacen es si todo el apoyo mediático a las historias de sufrimiento es una campaña política en favor de los demócratas (argumentando que podrían pedir asilo en los países fronterizos), todo, según los republicanos, aprovechando el contexto ya que próximamente hay elecciones y se presta para una contra propaganda para demonizar las políticas proteccionistas de Trump.

Sobre exageración mediática o realidad, lo cierto es que los brotes de violencia organizada en Honduras sumadas a la turbulenta situación en Nicaragua, no parecieran tener su origen en una propaganda norteamericana y dejan a la región en alerta para intentar ayudar a las víctimas, como también despiertan la actividad política expectante de paz.