Por: Camila Silva Madariaga (@ps_camilasilva) es psicóloga infanto juvenil, terapeuta de juego con diplomado en psicopatología, parentalidad, apego y desarrollo. Terapeuta en Espacio Terapéutico Agua de Luz (@espacioaguadeluz).

Durante el último año, han salido a la luz realidades que antes, si bien existían, no eran conversadas en lo cotidiano. El traer estudios y trabajo a casa, comenzó a plasmar la realidad que viven miles de chilenas en sus hogares, el escaso apoyo y responsabilidad de sus parejas en las tareas del hogar con o sin hijos. A propósito de esta misma realidad, desde hace un tiempo ronda un vídeo con el llamado “Dedus Crespus”, definido como “afección profunda al cerebro, a las articulaciones y huesos de las manos de los hombres, deformándolos al punto de no poder manipular algo y que los hace olvidar que las tareas del hogar se deben compartir” (extracto de Comunidad mujer). Esta sátira de lo que ocurre en miles de hogares Chilenos, nos hace recordar estudios previos a la pandemia, asociados a hogares con hijos, donde se expone que un 57% de los hombres chilenos, dedica 0 horas semanales al cuidado de sus hijos y un 71% dedica 0 horas semanales, a acompañar a sus hijos en tareas escolares. (Estudios longitudinales UC, 2019). Ya en pandemia las cifras aumentan, delegándose toda la responsabilidad de la casa a la mujer.

Realmente sorprendente, pero vamos un poco más allá, cuántas hemos dicho “me ayuda”, ¿realmente nuestra pareja nos está ayudando o es su responsabilidad de realizar ciertas actividades? Esto no solo en las tareas del hogar, sino también en el cuidado y crianza de los hijos. Me parece que es esencial, primero, definir responsabilidad como una cualidad personal de hacerse cargo de obligaciones y asumir consecuencias de ciertas acciones. Entorno a la crianza, el concepto de co-responsabilidad responde a este quehacer de manera equitativa y realizado de manera activa.

Aquí surge la primera dificultad y con la que probablemente muchas nos identifiquemos, asociada a que nuestra pareja pasa más tiempo fuera de casa por sus labores remuneradas, ¿acaso eso le quita responsabilidad de llevar a  cabo la crianza de manera equitativa? Por supuesto que no, pero ocurre en la vivencia misma, que se genera inevitablemente una desvalorización del trabajo en casa (no remunerado) y de crianza de los hijos, por lo que pasa a ser una obligación propia, en este caso, de la mujer.

Es importante que seamos capaces de identificar cuando estamos frente a estas señales, las tareas del hogar y la crianza deben ser compartidas, desde una perspectiva de responsabilidad y ser justos con quién desarrolla cada rol. Es importante conversar con nuestras parejas y ponernos de acuerdo, esto no es una guerra de uno contra el otro, sino todo lo contrario, tiene que ver con la capacidad de formar equipo, de dar lo mejor de cada uno para sumar en la construcción de familia y sobre todo, de cuidarnos desde el significado real del rol que asumamos.