Por: Camila Silva Madariaga (@espacioaguadeluz). Psicóloga infanto juvenil con diplomado en psicopatología del niño y el adolescente. Actualmente cursa diplomado relativo a Parentalidad, Apego y Desarrollo. En la actualidad se desempeña como psicoterapeuta en Espacio Terapéutico Agua de Luz.

Hace unas semana, una mamá me preguntaba cómo podía favorecer el amor propio en su hijo, pensado en ayudarlo a valorarse, aceptarse, conocer sus debilidades y también fortalezas, no solo como un constructo basado en los logros.

Desde esta pregunta me he cuestionado cómo desde el sistema imperante en nuestra sociedad, el exitismo y la forma en la que nos vemos, sobrepasa otras cualidades de las personas, incluso invisibilizándolas. Desde las últimas tendencias en el tema, se habla de «body positive» y aceptación de cómo nos vemos, desde cualquier prototipo de belleza, lo cual promueve que todos y todas somos bellos con esas características que nos hacen únicos, pero incluso con estas tendencias tan provechosas para nuestra sociedad, seguimos viendo, en gran parte de la publicidad, estereotipos de hombres y mujeres. No malos de ninguna manera, pero sí, lamentablemente, muy sesgados en los que además se pierden de vista cualidades más allá de lo físico.

En general todas estas tendencias tienen que ver con el mundo adulto y no de los niños, dejando de lado el hecho de que desde que nacemos, deberíamos promover una visión positiva de nosotros mismos, sobre la base de nuestro autoconcepto y cualidades positivas para construir una estima personal positiva desde pequeños.

De cierta manera, es difícil salirse de todo lo que implique éxito ya que partimos desde la base que el sistema educativo evalúa tu desempeño con un número objetivo, pero se pierde la sutileza de recalcar lo que sí se logro en el proceso o las habilidades a desarrollar.

¿Te has puesto a pensar que tendemos a recalcar lo que no funciona sobre lo que sí?, tendemos a ver el vaso medio vacío, me incluyo, es más intuitivo hacerlo de esa manera por como hemos sido educados. No obstante, es importante darse cuenta sobre esta inclinación para entregarnos a nosotras, como adultas, mensajes cariñosos y nutritivos para nuestra autoestima. De esta misma manera, poder hacerlo con los niños desde que nacen, pensado también, que desarrollar amor propio nos ayuda a relacionarnos más asertivamente con otros, a resolver problemas y darnos seguridad en lo que nos proponemos.

Entonces, ¿cómo podemos favorecer la construcción de una autoestima positiva en los hijos? Lo primero es entender que es una construcción que inicia al nacer, que, a pesar de que los bebés no pueden responder a nuestras palabras, sí estarán comprendiendo, a otro nivel, el mensaje que les estamos entregando de amor y afecto hacía si mismos. Es importante mostrar, a través del ejemplo, cómo se desarrolla el amor propio, evitar poner rótulos a los niños que sean generalizados y negativos: “siempre te portas mal” y sustituirlos por mensajes positivos y que vayan a tiempo con la conducta que quiero corregir. “Siempre” puede cambiarse por “hoy en la tarde”.

También es importante evitar las comparaciones o buscar que el niño sea como otro, ya sea un hermano o algún modelo a seguir, desde esta perspectiva, se crea el mensaje de “no soy suficiente”, todo lo contario a lo que buscamos lograr. No enfocarnos en lo que se no logró o no se pudo y recalcar lo que sí y lo que está desarrollando. Por último, evitar los halagos físicos, si bien son importantes, somos mucho más que “bonita/os” y tenemos muchas más cualidades a destacar.

Lo fundamental es siempre es partir por casa, de a poco, y con sensibilidad hacía cómo nos tratamos a nosotras, podemos mimarnos con mensajes positivos en algún lugar de nuestra casa y agenda por ejemplo, que nos acompaña en el día y, cuando nos pillemos diciéndonos un mensaje negativo, cambiémoslo por alguno en su versión benevolente desde el amor y afecto hacía nosotros mismas. Asumir el cambio de perspectiva puede demorar un tiempo en afianzarse y tenemos que ser pacientes y avanzar a nuestro ritmo consiente. De esta manera, se nos hará mucho más fácil educar a través del ejemplo y estaremos formando una base segura de amor propio para la vida adulta de nuestros niños.