Constanza Cristi Recabarren, Nutricionista U. Mayor. Diplomado Nutrición Clínica Universidad Católica.

 

¿Se han dado cuenta que cuando sentimos hambre, sentimos necesidad de ingerir un alimento con urgencia, pero que la elección del alimento no depende solo de cuánta hambre sintamos, si no también, de la situación en la que estamos?

Es una realidad que la selección del alimento y la cantidad al momento de comer se ven afectadas por varios factores que no están relacionados, necesariamente, con las necesidades fisiológicas de cada persona. Esto se llama hambre emocional, cuando solemos utilizar la comida para llenar necesidades o calmar sentimientos.

El proceso de alimentación debería ser consciente, es decir, responder a nuestras necesidades fisiológicas y lograr un equilibrio en nuestro organismo, pero muchas veces nos engañamos frente a una alteración del estado de ánimo y ahí es cuando buscamos alimentos que produzcan placer como los ricos en grasas y azúcares (como el chocolate, por ejemplo), porque ingerir uno o varios de este tipo de productos puede alterar nuestro humor con sus efectos sensoriales.

Si se han dado cuenta, a veces, cuando sentimos hambre podemos estar más irritables, pero luego de comer volvemos a un estado de tranquilidad y mejora nuestro humor, justamente de esto se trata, la alimentación puede determinar nuestro estado de ánimo y nuestro estado de ánimo puede determinar qué alimentos vamos a consumir.

Esto quiere decir que la conducta alimentaria puede variar si una emoción es negativa o positiva, las emociones negativas como la ira, el miedo, el estrés, o la tristeza pueden aumentar la ingesta compulsiva de alimentos y, muchas veces, no se recurre a alimentos saludables, todo lo contrario, se recurre a alimentos más saturados con el objetivo de encontrar placer y suplir tu estado emocional, si esto te pasa, no te sientas culpable es algo totalmente normal y es momento de que sepas que sí se puede controlar.

Vivimos en una sociedad estresada, con poco tiempo y muchas tareas que realizar, esto lleva a algunas personas a aumentar el consumo alimentario lo cual puede producir problemas de salud como sobrepeso y, en algunos casos, obesidad. Cuando estás estresado es común que disminuyas tu consumo de alimentos saludables como frutas y verduras.

Pero la buena noticia es que esto no es algo condicionante que te vaya ocurrir toda la vida, es totalmente manejable.  Es hora de comenzar a tener una alimentación consciente, en la cual puedas ingerir alimentos usando tu raciocinio y responder a tus necesidades fisiológicas, dejando de lado el hambre emocional.

Aún así, es importante entender que siempre va existir la alimentación emocional y no siempre es negativa, ya que hay momentos hechos para complacerte, como cuando asistes a un evento social o un cumpleaños y puedes disfrutar de la comida junto con tus amigos, compartiendo una gran ocasión, pero si el control no es lo tuyo, aconsejo algunos trucos ya que controlar la ingesta de comida innecesaria es fundamental para mantenernos sanos.

Lo primero, para no comer sin hambre, es mantener la calma, respira, toma consciencia de lo que vas a comer ¿Vale la pena? Casi siempre la respuesta es negativa, por lo que deja ir la idea de comer y toma un vaso de agua antes de cualquier tentación, te ayudará a hidratarte y también a engañar a tu estómago. Sin embargo, lo más recomendado frente a un período de tensión emocional, es agregar hábitos que aporten energía y relajo, como aumentar tu actividad física. No necesitas ser deportista de élite, basta con mantenerte activo para liberar la tensión y no desquitarte con la comida. Si el movimiento y la naturaleza es algo imposible para ti, entonces opta por leer un libro, o cualquier pasatiempo que desvíe tu atención, como escuchar música o escribir las cosas que te han pasado o incluso, lo que te gustaría mejorar ya que identificar las emociones y tomar consciencia de ellas será siempre un aporte para apagar el hambre emocional.

Como Nutricionista he visto muchos casos de alteraciones físicas producto de cambios de hábitos, para bien cuando son hábitos que aportan, para mal cuando se trata de desorden y tensión. Por lo tanto, si notas que el hambre emocional se está yendo de tus manos, no dudes en  buscar apoyo psicológico, tal vez, generar un espacio para escuchar a tu organismo sea constructivo y sanador para comenzar a quererte y alimentarte de una buena manera. Sin ansiedad ni excusas.