Por: Michelle Pollmann. Psicóloga Clínica, Magister en psicodiagnóstico e intervención terapéuticas, postítulo en Psicoterapia Psicoanalítica y Directora de Centro de Atención Integral Al Alma en Santiago de Chile.

 

Que la llama de la pasión se apague con el tiempo no es novedad. Aún no conozco a nadie que me diga que lleva más de 7 años de relación y que sigan teniendo relaciones sexuales como los primeros años. ¿Se han preguntado qué será lo que pasa? ¿Por qué hay mujeres más propensas que otras a perder el deseo por sus parejas después de cierto tiempo? ¿Por qué hay otras que tienen una capacidad mayor de sentir un deseo moderado? ¿Y por qué otras pocas pueden seguir deseando por décadas al mismo hombre?

Si bien no tengo la respuesta para cada una de estas preguntas, la experiencia como terapeuta me dice lo siguiente: las mujeres se excitan más cuando están emocionalmente bien con ellas mismas y con su pareja. Pero no es tarea fácil, sobre todo para quienes somos mamás. Estar emocionalmente bien requiere de un trabajo tanto personal como relacional no menor. Estar bien contigo misma, con tu cuerpo, con tu trabajo, con tus amigos y con tu pareja requiere de un equilibrio y ese equilibrio no es igual para todos, sólo tú sabes cuál es tu punto cero.

Hacer deporte, meditar, jugar con tus hijos, juntarte con tus amigas, ir a la peluquería, pololear con tu pareja, dormir y alimentarse bien, ir al cine, ir a bailar, salir a comer, todo es parte del pack de equilibrio emocional. Tú lo administras.

Por ejemplo, puede que a ti no te guste ir al gimnasio entonces lo puedes cambiar por salir a caminar, y en esa caminata si lo haces con tu pareja mejor, y si lo hacen sin celulares mejor todavía, y si logran llegar a una plaza, sentarse en un banco y simplemente estar juntos ¡aún mejor!

El plus, y lo que creo que responde a la última pregunta, es tener la habilidad para conversar de todo, desde lo más cotidiano hasta lo más íntimo. Y aquí es donde el trabajo a nivel de pareja se pone más duro, pesado y, muchas veces, insostenible. Porque si bien nadie quiere ser la terapeuta de su propia relación, sabemos que nosotras aportamos más de esto que ellos.

Entiendo (porque también soy mujer y tengo una relación), lo difícil que es hablar de temas como frecuencia sexual, bajo deseo, sexo oral, masturbación, lubricantes, nuevas posiciones, iniciativa, orgasmos, etc. Pero este es el camino para hacer que tu relación, tanto de pareja como sexual, sea exitosa en el tiempo, que ambos estén felices y sigan construyendo su amor a diario.

Claro que para que esto ocurra, debes tener una pareja disponible tanto para escuchar como para reflexionar. Escuchar para entender, no para responder. Escuchar para crecer y ser el hombre y la mujer que la pareja necesita. Y este es el motivo por el cual llegan casi todos a terapia, porque tratan de conversar y terminan discutiendo. Porque hacer que el otro me entienda se torna cada vez más difícil y con el tiempo he dejado de decir lo que me pasa, no porque no me pase nada, sino porque no tengo la confianza de decir algo sin ser juzgada o criticada de vuelta.

No es fácil decir, después de años de relación, que es sexo oral que te han estado haciendo no es tan agradable y que tú crees que si lo hiciera de esta otra manera podría ser mejor. Eso para cualquiera (hombre o mujer) es una bomba molotov autodestructiva en 5, 4, 3, 2, 1 …¡PUM! Pelea o discusión garantizada con probabilidades de no tener sexo en al menos una semana. Y eso, repetido en el tiempo es muy dañino para la pareja, porque terminan aceptando cosas que no les gustan, haciendo cosas que tampoco son de su agrado y teniendo un sexo “regulque” por miedo a las consecuencias de decir lo que realmente les pasa.

Les aconsejo perder el miedo, atreverse a conversar, pensar bien lo que voy a decir y cómo lo voy a decir para que sea bien recibido y en el peor de los casos, ojalá antes de que la bomba explote, acudir a un profesional que los ayude a comunicarse. A veces, en menos tiempo de lo que muchos piensas, se pueden hacer lindos trabajos con parejas que están emocionalmente disponibles, abiertos a entenderse, a seguir amándose y seguir disfrutando de su vida sexual.

Y sí, estar emocionalmente bien nos hace desear, nos hace estar más coquetas, más “ganosas” (como se diría en buen chileno), y por ende nuestra vida sexual sería la más beneficiada.