Por: Camila Silva Madariaga (@espacioaguadeluz) Psicóloga infanto juvenil con diplomado en psicopatología del niño y el adolescente. Actualmente cursa diplomado relativo a Parentalidad, Apego y Desarrollo. En la actualidad se desempeña como psicoterapeuta en Espacio Terapéutico Agua de Luz.

Cuando pensamos en las relaciones humanas en seguida se percibe lo difícil que es entenderlas, cada persona va determinando su forma de relacionarse según cómo fue tratado de niño, como han sido sus experiencias a lo largo de los años y que tanto a logrado hacer consciente ciertas dinámicas que a veces no favorecen.

Cuando decidimos formar una familia, del tipo que sea, siempre existe el encuentro de estas variables. En ocasiones este encuentro es complementario y se forma la llamada “constelación parental” que logra desarrollar estilos de crianza positivos basados en buenos tratos y donde prima el afecto. Pero en otras, no logra desarrollarse así y es aquí cuando vemos a familias que no establecen una armonía o clima familiar en pos del desarrollo de sus hijos.

Importante destacar que esto no quiere decir que no exista amor sino que los dinámicas que la pareja trae anterior a formar el sistema familiar, impactan en la forma de vincularse entre ellos y con los niños. En este estilo de familia, se tienden a normalizar los gritos, los insultos, las faltas de respeto, existen límites poco claros y en general los niños son espectadores de las peleas de los padres.

¿Cómo afecta esto a los niños?, al ser espectadores y también participantes de estos estilos de relación, es probable que los niveles de ansiedad y angustia se incrementen, se generen relaciones difíciles con pares y sean niños más inseguros. Sienten miedo constantemente al quiebre sentimental entre los padres, generando fantasías sobre el futuro. Los padres al estar poco conectados con las necesidades de los hijos y más puestos en sus problemas de pareja, no logran comprender el impacto emocional en los niños por lo que se sorprenden ante ciertas conductas que ellos puedan desarrollar como, molestar a compañeros en el colegio, mostrarse retraído ante las interacciones sociales, altos montos de angustia ante situaciones de exámenes, entre otros.

Es una realidad un poco invisible y difícil de aceptar para quienes lo viven ya que produce vergüenza y miedo de ser juzgados, por lo que la idea de esta columna es que busquemos soluciones. Si determinas que alguna de estas características ocurren en tus dinámicas familiares, presta atención a las siguientes claves para profundizar y tomar acciones:

1.- Somos padres y pareja por separado: Entender que se pueden tener problemas de pareja y no mezclarlo con el rol de padres permite ser mucho más asertivo a la hora de atender las necesidades de los niños y observar con perspectiva si es que existen dificultades.

2.- Alienación parental: El hablar mal del otro padre influenciando el pensamiento del niño es considerado una vulneración grave de derechos. No normalicemos estas situaciones.

3.- Que los niños sepan todo: Cada etapa de la vida tiene su finalidad, involucrar a los niños en los problemas de pareja influye en sus bienestar emocional, cuidemos ese espacio y no los expongamos a tal. Su salud mental esta en desarrollo.

4.- Los niños no son intermediarios entre los padres: Los problemas de adultos, son entre adultos, el involucrar a los niños en los problemas de pareja no genera ningún beneficio, si no que por el contrario promueve la ansiedad y angustia.

5.- Cuando ya no podemos más: Si las peleas son persistentes y la tolerancia es muy baja, es hora de tomar cartas en el asunto, asistir a terapia de pareja no es mala idea en estos casos y pude ser el promotor de trabajar ciertas heridas que se arrastran desde la niñez y que están influyendo en las dinámicas actuales.

Cuando determinamos que los conflictos relacionales son persistentes y que los niños no están creciendo en un clima positivo, es hora de preguntarse si la decisión de separarse será más beneficiosa para los miembros de la familia. Es probable que las dinámicas que se lleven a cabo por separado sean mucho más provechosas y nutricias para el desarrollo de los niños e impacten, significativamente que continuar con una pareja que no logra llevarse bien y que está trasmitiendo estilos de malos tratos; cortar con estos ciclos es un acto de amor profundo hacía tus hijos.