Constanza Cristi Recabarren, Nutricionista U. Mayor. Diplomado Nutrición Clínica Universidad Católica.

 

Muchas veces, mis pacientes o seguidores me hacen preguntas que están llenas de mitos y se hacen más frecuentes cuando se acerca el verano y buscan bajar de peso, es por esto que, como nutricionista, me veo en la obligación de desmitificar y educar en cuanto a nutrición. A continuación, hablaré de los 5 mitos más frecuentes.

1. “Estoy a dieta no puedo comer carbohidratos”.

Basta ya con el gran terror a los carbohidratos, este grupo alimentario incluye cereales como el trigo, arroz, pastas, pan,entre otros. Son la primera fuente de energía que se utiliza en nuestro organismo ya sea para nuestros órganos, cerebro o cuando realizamos ejercicio físico, por lo tanto no engordan cuando comemos con mesura y la cantidad que cada persona necesita, ya que son utilizados como fuente de energía, sin embargo, si van a repercutir en nuestro peso si los consumimos en exceso. También va a depender del tipo de carbohidrato que consumimos, siempre recomiendo los carbohidratos complejos, es decir que requieren un proceso más lento de digestión y que son más ricos en su contenido de fibra, por ejemplo, los cereales integrales, pan integral, avena, quínoa, entre otros.

2. “No muchas gracias, no puedo comer fruta después de almuerzo”.

Totalmente falso, puedes comer fruta en cualquier momento del día, esto va a depender de tus requerimientos personales que van a varían dependiendo de tu sexo, edad, actividad física, entre otros factores.

Claramente, si comemos fruta en exceso nos ocasionará un desbalance por la cantidad de azúcar, sin embargo, no existe ninguna base científica que sustente que no debemos comerlas después de almuerzo. Mi consejo siempre va a ser que midamos la porción y que variemos el consumo entre frutas con mayor y menor contenido de azúcar. Por ejemplo, si como uvas y luego sandía, que son frutas con mayor aporte de fructosa, podría ser contraproducente, pero si varío las frutas con aquellas de menor contenido de azúcar como la manzana y en las porciones adecuadas no existiría ningún problema.

3. “Yo como cada 1 hora porque de esa forma acelero mi metabolismo”.

La verdad es que no se ha visto aumento del metabolismo por comer más veces al día, es más, un consumo más frecuente de alimentos podría ocasionar la adquisición de malos hábitos y aumento de peso ocasionado por comer productos que creemos que son de bajo aporte energético. Lo recomendado es comer cada 3 a 4 horas para lograr generar hábitos de alimentación y poder mantener al menos 4 tiempos de comida (desayuno, almuerzo, once y comida), si solo puedes hacer 3 tiempos de comida, tampoco habría problema, pero cual sea el caso, debes cuidar la cantidad y calidad de los alimentos que vas a consumir.

4. “Debo tomar agua 2 horas antes de comer para evitar subir de peso”.

Falso nuevamente, la única razón por lo que deberías tomar agua antes o después de almuerzo es para evitar distensión abdominal, ocasionada por el aumento de volumen. El agua no aporta calorías por lo tanto no podrías subir de peso tomando agua, recuerda que es muy importante asegurar una buena hidratación, yo sí recomiendo tomar líquidos espaciados de las comidas pero más que nada para evitar la ya mencionada distensión abdominal. Además, tomar agua durante el día asegura el consumo de 2 a 2,5 litros para una persona adulta. Por último, recuerda que debes consumir agua no solo al sentir sed ya que esta es reflejo de un porcentaje de deshidratación y siempre se debe evitar llegar a ese estado.

5. “Yo no como sano porque es muy caro”.

Falso. Comer sano no es sinónimo de mayor gasto, lo importante es saber elegir una variada selección de alimentos, que sea equilibrado y adecuado. Muchas veces, erramos en pensar que si quiero comer sano debo ir y comprar muchos alimentos que no están a mi alcance, pero la clave está en la organización, comer sano se puede con preparaciones caseras con alimentos típicos, incluso es al revés, podemos ahorrar al no comprar productos pocos saludables que son costosos como las golosina, las bebidas gaseosas y los alimentos procesados.