Nadie dijo que fuera fácil, y el matrimonio por cierto no lo es, pero eso no significa que el divorcio esté asegurado, por el contrario, las estadísticas siguen respaldando a la institución por sobre el fracaso. Sin embargo, los aumentos de separaciones y divorcios han ido en aumento incluso en Latinomérica donde hace algunos años se encontraban las cifras más bajas a nivel mundial.

Hasta el 2014, en latinoamérica, el país con menos divorcios, incluso a nivel mundial, era Chile (3%), mientras que en Ecuador el porcentaje de divorcios llegó al 20%, en Guatemala al 5%, en México al 15%, en Panamá al 27%, en Brasil al 21% y en Venezuela al 27%. Si bien hoy Chile experimenta un alza importante en su proporción, sigue teniendo bajas cifras (3,6%) y la región, en general, mantiene su liderazgo con menos disoluciones, pero ¿qué genera los divorcios?

Hay estudios que relacionan factores que jamás habríamos asociado, según recopiló el portal rinconabtracto, por ejemplo:

Si no sonreía en sus fotos de niño, la persona tiene cinco veces más de probabilidades de acabar divorciándose. (Hertenstein, Matthew et al. (2009): Smile intensity in photographs predicts divorce later in life).

Si se casó antes de los 18 años, su matrimonio tiene un 48% de posibilidades de acabar en divorcio. (Matthew Bramlett and Mosher, William (2000): First marriage dissolution, divorce, and remarriage: United States, Department of Health and Human Services/National Center for Health Statistics).

Si uno de los cónyuges desea tener un hijo más que su pareja, las posibilidades de divorcio aumentan al doble. (Rebecca Kippen et al. (2009): What?s love got to do with it? Homogamy and dyadic approaches to understanding marital instability).

Si tiene dos hijos, tendrá un 36,9% de posibilidades de divorcio, si son dos hijas, las posibilidades aumentan hasta un 43,1%. (Kristin Mammen (2008): The effects of children?s gender on divorce and child support).

Si los niveles de testosterona basal del marido son más altos de lo normal, el matrimonio tiene un 43% de posibilidades de acabar en separación. (Mazur, Allan. Lanham, MD: Biosociology of Dominance and Deference. Rowman & Littlefield, 2005).

Si convivió con una pareja y finalmente se casó con otro, las posibilidades de divorcio aumentan hasta el doble que si no fue así. (Anna M. Cunningham (2007): Premarital cohabitation and marital disruption across time).

Si su hijo murió tras la vigésima semana de gestación, en el parto o poco después, las opciones de divorcio aumentan en un 40%. (Katherine Gold et al. (2010). Marriage and cohabitation outcomes after pregnancy loss).

Pero los factores más reales son la infidelidad junto con la “incompativilidad de la pareja”, por vago que suene el concepto. Según la antropóloga Helen Fisher, las parejas tienden a repetir un ciclo: una etapa inicial de enamoramiento en la que lo prioritario es el contacto sexual. La segunda etapa, a la que Fisher o “del cariño”, en la que cuidar a los hijos es el objetivo de la pareja y es ahí dónde la mayoría de las separaciones ocurren.

Para Alexandra Killewald, profesora de la Universidad de Harvard, que ha estudiado los divorcios de las última 4 décadas. Considera un tema de roles en sus conclusiones ya que la estadística muestra todavía se espera que los hombres sean quienes provean; un tercio de las parejas eran más propensas a separarse si el marido no estaba trabajando, pero también si las mujeres trabajan, son más dadas a separarse, lo que según los expertos en sociología, responde más a la necesidad de independencia de las mujeres. Un empleo “incrementa la posibilidad de divorcio porque este es un medio para que las mujeres que se sienten muy insatisfechas con su matrimonio se sostengan por su cuenta”, según concluye  el estudio del 2011 del American Journal of Sociology.

Las recomendaciones de los expertos

1-Mantener desafíos y metas en común: Es fácil partir en el mismo camino, pero con los años y circunstancias de la vida, las personas cambian y así sus objetivos, el diálogo permanente contribuirá que no se pierda el rumbo en común.

2-Buscar el humor: Según la Universidad de DePauw (Estados Unidos), las parejas que no sonríen son más propensas al divorcio.

3-Casa propia: Pareciera ser un soporte emocional ya que la estadística muestra si la pareja es dueña de su hogar tiende a tener una relación más duradera.

4-Hábitos poco sanos: El estilo de vida lleno de excesos y sedentarismo hará que el cuerpo entre en estado de estrés lo que nos hace menos tolerantes a la frustración y menos abiertos al diálogo.

5-Interés: Parejas que consideran el valor material por sobre otros valores, estadísticamente tienden a divorciarse más rápido que otros factores.

6-Cuando el diálogo no avanza, tratar siempre los problemas con un especialista, aunque no sea “socialmente bien visto”. Un matrimonio, con hijos o sin hijos, es legal y emocionalmente una nueva familia y recurrir a terapia ese es el primer y fundamental paso para acabar con la ambigüedad detrás del dicho “La familia primero” y aún así no hacer nada al respecto.