Por: Marianne Kohler,  psicóloga clínica formada en la visión Humanista Transpersonal y con Postítulo en Terapia Estratégica Breve. Diplomada en Terapia Floral y Reiki, facilitadora de Talleres para el manejo de ansiedad, mindfulnessy meditación. Creadora del Espacio Terapéutico Agua de Luz.

 

El 14 de febrero se ha convertido en una fecha especial gracias a la industria del marketing y la publicidad, las que lo han catalogado como el día del amor, también conocido como el “Día de San Valentín”. Como suele ser común en nosotros, siempre asociamos el concepto del amor al enamoramiento y al amor de pareja. Pero hay otras formas de amar y ser amados, más allá de las relaciones románticas. Está el amor por los amigos, por los hijos, padres, familiares, el amor que tenemos por nuestros sueños, proyectos y metas, y el amor por uno mismo. Por eso, me gusta re-nombrar este día, llamándolo el día del cariño.

Elijo no irme en contra de lo que propone la industria, sino que ocupar el potencial que tiene esta fecha para aprovechar de conectar con quienes amo y me aman. Me gusta ocupar este día como una excusa para poder manifestar y entregar amor, y abrirme a recibirlo y sentirlo también.

Comencemos simplemente con cerrar los ojos,  visualizar nuestro día a día y saber apreciar a quienes siempre están ahí para, en esta fecha, poder hacerlos sentir especiales con algún gesto de cariño. Aprovechemos este día para recordarles a los demás qué tan importante son para nosotros, puede ser desde hablar con quien no le hemos dedicado el tiempo suficiente, hacer alguna sorpresa a un familiar, agradecer a quienes hacen nuestra vida un poco más llevadera o decir alguna palabra positiva.

Por otra parte, tratemos de que esto no sea en un solo día, sino que celebremos nuestras relaciones interpersonales todo el año, como una práctica diaria, que nos lleva a conectar con otros y con nosotros mismos. El entregar amor, cariño y hacer sentir al otro apreciado, se puede llegar a convertir en un hábito necesario para llenar nuestros días con un poco más de luz y para dejar, por algunos segundos, de mirar nuestro ombligo (o celulares) para no estar centrados sólo en nosotros y en nuestras preocupaciones. Hay un otro allá afuera, siempre. Sea quien sea, que merece saber y sentir constantemente el valor que tiene para nosotros. Esto no solamente nos eleva como personas, haciéndonos sentir mejor con nosotros mismos y con los demás, sino que también mejora la calidad de nuestro entorno emocional, ayudándonos a transitar por el camino de la felicidad.

Expandir nuestro amor y conectar con los otros desde el corazón, nos recuerda que no estamos solos, lo que nos entrega sensación de seguridad y bienestar, sobre todo en momentos difíciles. Pero no nos olvidemos del amor hacia nosotros, que este 14 de febrero también sea el día del amor propio: dediquemos un ratito a hacer algo que nos apasiona, regaloniémonos de alguna forma, démonos un espacio de paz y momentos en off. Conectemos con nosotros mismos y con los demás, desde la empatía, el cariño y la expresión del amor. La sensación interna después de entregar (nos) amor, es en sí misma la mayor recompensa.

Propongámonos llevar esto más allá de un día y hagámoslo una constante en nuestra vida. Una muestra de cariño o gestos que demuestren preocupación, actos de gratitud, tanto para los demás como para nosotros. Es nuestro pequeño grano de arena que podemos aportar para que este mundo sea un lugar un poco más amoroso.