Por: Catterina Siri, Periodista. Directora Editorial Stampa Magazine.

«La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida», con esa frase pasa a la historia la inolvidable canción de Rubén Blades, Pedro Navaja y, de acuerdo a la letra, esa es la gran moraleja de la historia, pero ¿nos gustan las sorpresas?

Para nuestro cuerpo la adrenalina es señal de acción, de movimiento inminente, nos da el impulso necesario para responder frente a un peligro repentino. Las sorpresas, las pequeñas y dulces, no nos ponen en riesgo aunque sí nos dan ese shot de energía y por eso, generalmente, nos gustan. Pero también hay veces que son amargas, cuando esa fuerza viene con un golpe que nos entristece y cambia nuestras vidas.

Personalmente, el Covid marcó un antes y un después en mi relación con lo inesperado. Antes, lo veía como un factor improbable que deambulaba por ahí y caía sobre alguien, para bien o para mal. Cayó un par de veces en mi vida para oscurecerla, pero aunque fue duro, eso no hizo que lo viera como una constante. Ahora, debido al Covid, lo veo como una posibilidad que está a la vuelta de la esquina y no les miento, es el mejor cambio de perspectiva que he experimentado en años. No sé si les pasa como a mi, pero sentir que los planes no pueden ser demasiado a futuro, porque «uno nunca sabe», es lo que ha hecho que estemos más presentes en nuestro hoy, atentos a lo que hacemos y pensamos y también, a la magia de lo que puede ocurrir diariamente a nuestro alrededor.

Este tiempo, más allá de las malas noticias que también existen, he visto más milagros que nunca, cómo la vida se ilumina a diario de factores inesperados que están ahí para hacernos felices. Amigos que tras mucho tiempo sin poder tener hijos finalmente pudieron adoptar y la sorpresa se dio que, además, mi amiga está por fin embarazada. La maravilla de estar sanos y vivos, cumplir años y recibir tanto cariño sin importar las distancias, que otra amiga me llame contenta porque su proyecto de cafetería destrozado por la pandemia dio pie a conocer gente con la que, cuento corto, ahora abrirán un delivery de comida tailandesa con un chef de primera; que mi hijo tiene la suerte de tener a su mamá y papá en casa todo el día, que hay lugar para cultivar una huerta en el jardín, que ya pocas cosas importan tanto como un abrazo y que estamos todos esperando se abra de nuevo el mundo para vernos en persona, porque poder verse y compartir es la nueva prioridad.

Ojalá nada de lo anterior se nos olvide y sería bueno encontrar la calma para darnos cuenta de que todo ha servido para filtrar el ruido de lo verdaderamente importante y que la belleza aparece mientras vivimos en el hoy, por eso en esta editorial invitamos a agradecerlo, lo que trae, lo que muestra, lo que nos da con el constante factor sorpresa incluido, que a veces atora, pero siempre nos trae de vuelta al presente, recordando que estamos vivos… y ese, es el mayor milagro, a disfrutarlo.