Ps. Marianne Kohler -Cursando Postítulo en Terapia Estratégica Breve. Terapeuta Floral y Reiki.  mariannek@live.cl

 

Cuando somos niños, nuestros padres nos estimulan para que además de asistir al colegio, tengamos actividades recreativas o hobbies. Piano, ballet, fútbol, son un ejemplo de la cantidad de opciones que tenemos para elegir y poder desarrollar otras áreas de nuestro cerebro, ir integrándonos y  formándonos como personas.

El valor de los hobbies está socialmente aceptado para nuestros niños. Asimismo, algunas personas suelen retomarlos en la tercera edad, una vez que ya se encuentran jubilados. Pero, ¿Por qué solemos dejar estas actividades recreativas de lado a medida que nos vamos haciendo adultos?

Junto con crecer, vamos teniendo más responsabilidades, nuestras prioridades y valorización de las cosas van cambiando, y empezamos a considerar los hobbies como una pérdida de tiempo, ya que no retribuyen un valor económico. Estamos olvidando entonces, el valor emocional que hay detrás de la realización de una actividad recreativa.

Es precisamente cuando somos adultos y tenemos más responsabilidades, cuando más deberíamos tener hobbies. Su valor emocional radica en que son una fuente para distraer nuestra mente, desarrollar nuestra pasión y poder sentir que no todo en la vida es trabajo, estrés y productividad, lo que reduce drásticamente la posibilidad de padecer los síntomas más comunes de nuestra sociedad hoy en día: depresión, estrés, angustia y ansiedad.

Incluso, tener un hobby tiene beneficios directos en nuestra área laboral, porque logramos “desconectarnos” y hacer que nuestra mente esté más receptiva para poner nuestro 100% en el trabajo.  Una afición puede favorecer y ampliar nuestros talentos innatos, junto con ayudarnos a desarrollar nuevas capacidades, fortaleciendo nuestra autoestima, autoimagen y creatividad.

Por lo tanto, por poco tiempo de ocio que tengas, emplearlo en desarrollar un pasatiempo tiene efectos positivos tanto para la salud mental, como para la física y emocional. Un hobby es algo que se hace porque se quiere y no por obligación ni deber. Mi invitación es a hacernos conscientes de nuestro bienestar e invertir una parte de nuestro tiempo en hacer alguna cosa que no sea para ganar plata, sino para disfrutar el simple placer de hacerlo, para que, por un momento, estemos más preocupados en SER que en HACER. Crezcamos, pero dejemos lo bueno de nuestra infancia, dándole valor no solamente a las cosas que nos retribuyen dinero, sino también a lo que nos retribuye felicidad, paz y bienestar.