Por: Michelle Pollmann. Psicóloga Clínica, Magister en psicodiagnóstico e intervención terapéuticas, postítulo en Psicoterapia Psicoanalítica y Directora de Centro de Atención Integral Al Alma en Santiago de Chile.

 

Hace un par de semanas fui por primera vez a una Noche de Barbarie junto con una amiga y colega a una especie de conversatorio que se titulaba “Ya no quedan hombres”. Habían tres personas que mantenían una conversación al respecto, en un ambiente muy intelectual, donde podías encontrar desde psicoanalistas hasta mujeres que con mi amiga bromeábamos que eran como el prototipo de solteronas que pensaban que les iban a dar un mapa del tesoro para encontrar al hombre que aún no se le cruza en su camino.

En fin, al salir me quedó la sensación de que se habló poco del título de la charla, más bien fue una conversación basada en la asociación libre que divagaba entre un tema y otro y que a ratos se volvió un poco latera. Pero semanas después se me iluminó la ampolleta y pude tener una reflexión personal a partir de este encuentro que me gustaría compartirles.

Parece que el hombre patriarcal ya no es deseado entre las mujeres de hoy en día. Obviamente, hombres hay, es cosa de salir a darse una vuelta a la esquina y verlos, pero no el hombre que la mujer busca. Porque, aunque estoy fuera de las pistas de las fiestas hace por lo menos unos 3 años, mis amigas me cuentan que el público objetivo varonil va de mal en peor, y es verdad que muchas se preguntan ¿Dónde están los hombres?

Pienso que lo que se busca es un hombre empoderado tanto en su trabajo como en su vida, que haga deporte, que tenga una vida espiritual relativamente desarrollada, que le guste compartir con amigos, que tenga su vida aparte pero que también comparta con los amigos de la mujer, que sea proactivo en la casa, que no le moleste ir al supermercado, que sea un dog lover, que cocine, cambie pañales y que haga el amor como los dioses. O sea, un MILAGRO.

Y como el universo siempre se alinea, justo esta semana me tome un café con un hombre y salió este tema a la conversación. Él me preguntaba, ¿qué está pasando con los hombres? y justo pedimos la cuenta. Fue muy divertido porque llega la señora y él hace el amague de sacar su tarjeta, yo la verdad ni me moví pero le pregunte si es que iba a pagar él y me dijo que sí y le respondí ¡muy bien! A lo que la señora se río y dijo que a los hombres les faltaba empoderarse y todos nos reímos. Incluso nos contó un chiste, donde un hombre está lavando la loza y dice “última vez que lavo los platos” y su señora le pregunta con un tono desafiante ¿Qué dijiste? A lo que él responde tímidamente “última vez que lavo los platos con esta esponja”.

Y sí, la verdad es que las mujeres estamos cada vez más empoderadas y los hombres no han sabido qué hacer con eso. Como que se sienten incómodos con esta nueva mujer. Pareciera que no saben qué hacer y han preferido no hacer nada, dejando el camino libre para que nosotras hagamos lo que queramos. Y como buenas hormigas que somos, lo hacemos todo, y eso de alguna manera nos alimenta el ego, porque nuestros antepasados nunca lo pudieron hacer, nuestro linaje femenino estaba limitado sólo a hacer cosas de la casa y nada más. Entonces nos hace sentir bien hacer todo, pero hay un ítem en específico que siempre vamos a querer que sean ellos los que lleven la batuta. Me refiero al sexo.

En un libro de Daniel Berger donde se recopilan diversos estudios científicos que intentan responder a la pregunta de ¿Qué quieren las mujeres? Hay una publicación que llamó mi atención. Resulta que una de las fantasías más recurrentes en mujeres es ser violadas, pero quien interpretaba los resultados aclaraba que no era una violación propiamente tal, ya que siempre era con un conocido y nunca estaba acompañada de sensaciones como miedo, pánico o angustia. Se concluía que la mujer desea que el hombre la tome por sorpresa y le haga el amor como nunca antes se lo habían hecho.

Pensar que, antiguamente, las mujeres se quejaban de que no tenían orgasmos y, hoy, se quejan por no tener la cantidad suficiente de orgasmos que quisieran. Mujeres que no pedían sexo, más bien estaban disponibles para cuando sus hombres quisieran. Mujeres que jamás pensaron en la masturbación, eso era pecado. Hoy, nos encontramos con hombres con bajo deseo sexual y con mujeres con ganas de tener más y mejor sexo.

¿Qué está pasando? Me encanta saber que estamos tan empoderadas, pero para tener mujeres empoderadas necesitamos hombres aún más empoderados. Y no me refiero al machismo ni mucho menos al patriarcado, hablo de hombres que estén dispuestos a trabajarse como ser humano, intentar entenderse para poder actuar no sólo en base a sus instintos sino que a lo que las mujeres de hoy en día exigen.

Por qué será que son muchas más las mujeres que toman terapia o que van a ceremonias espirituales o a cualquier encuentro que involucre un crecimiento como persona. Hago un llamado para que los hombres se pongan los pantalones y trabajen para estar a la altura de la mujer de hoy. Porque no sólo necesitamos machos alfas que trabajen y lleven dinero a la casa, la mujer de hoy necesita un hombre con el cual pueda relacionarse en todos los ámbitos de la vida, y para que eso pase deben, al menos, hablar el mismo idioma.