Por: Erika González Prelle. Consultora Senior en Desarrollo de personas y de carrera competencias laborales – entrevistas de selección – coaching – consultoría.

 

Uno de los factores más importantes en la vida humana es la calidad de las relaciones que construimos. De ello depende la calidad de vida personal, incluso la salud. Si pensamos que gran cantidad de personas se desempeñan en equipos de trabajo, son muchas las relaciones paralelas que mantenemos y, por tanto, muchas variables que inciden diariamente en nuestro bienestar.

Dentro de estas relaciones, me ha tocado ver, en muchas oportunidades, cómo a los equipos les cuesta coordinarse y comunicarse al momento de cumplir con pasos, procedimientos, acuerdos, retroalimentaciones. Finalmente, promesas y sus evaluaciones.

Es un fenómeno complejo, pues intervienen múltiples elementos: cómo se habla, cómo se pide, desde qué emoción se pide, desde qué interés, cómo se escucha, etc. A propósito de lo visto en los últimos 10 meses, quisiera destacar la importancia de saber escuchar y del manejo emocional.

La escucha normalmente se entiende como un proceso pasivo, en que fundamentalmente se “oye” a otra persona. Y con ello, damos por supuesto que la persona “oyente” entendió exacto lo que pedimos o dijimos. Se dice en mucha literatura también, “escuche en forma activa”. Yo me pregunto, ¿habrá alguna escucha pasiva realmente? En una de sus entrevistas, en un canal de televisión chileno, Humberto Maturana señaló con gran simpleza: “uno es responsable de lo que dice y la otra persona es responsable de lo que escucha”. Siempre que escuchamos lo hacemos selectivamente y además intervienen interpretaciones, asunciones y contextos de obviedad que para nada son obvios para las partes, en demasiadas oportunidades. Es clave entonces, revelar aquello que hemos escuchado, en nuestras propias palabras. Es decir, eso que se llama “verificación de entendimiento” y que en realidad debiera llamarse: “declaración de escucha” o “declaración de lo interpretado”.

Los malos entendidos nos llevan a errores e ineficiencias de equipo y ello deriva en problemas adicionales (con clientes internos o externos, por ejemplo). Además, todo esto nos lleva a experimentar emociones limitantes, tóxicas y también a mantenerlas porque nos repetimos mentalmente durante el día o las semanas, aquello que nos frustró. Este estado emocional que nos provocamos, en el que somos co-responsables, influye en una pre disposición negativa para el próximo encuentro con colegas. Así, nuestro bienestar y salud se encuentran amenazados.

A esto, debemos sumar, hoy más que antes, no solo las diferencias individuales en nuestra escucha (interpretaciones, suposiciones, trasfondo de obviedad, etc.) sino también las diferencias culturales. Cada cultura tiene sus propios códigos, historias, contextos compartidos y, por sobre todo, tienen distinta emocionalidad. He visto, el daño que se pueden hacer las personas en equipos diversos culturalmente, al no actuar con sensibilidad al respecto y al no detenerse a declarar lo que se entiende cuando escuchan y lo que se siente. Por ejemplo, si pido algo en un tono de voz fuerte, que para mí es natural, y me acerco mucho a otra persona que está sentada y que viene de una cultura oriental, por ejemplo; lo más probable es que genere una reacción automática del sistema nervioso central autónomo y una serie de cambios bioquímicos, que sostenido en el tiempo impactarán los órganos y por ende nuestro bienestar.

Como aquello que sentimos nos impacta bioquímicamente, el llamado es a ser especialmente cuidadosos en nuestras interacciones tanto en lo verbal como en lo no verbal, pues el riesgo de traspasar el límite bioético es grande y con ello el daño a la salud. La corresponsabilidad en la calidad de nuestras relaciones y nuestra calidad de vida, implica: saber pedir, situarnos desde una emoción positiva, declarar lo que se escucha y siente (atender las diferencias culturales), de modo de ir conjuntamente ajustándonos y poder trabajar con efectividad sin hacernos daño mutuo. En otras palabras, responsables en el amor hacia nosotros mismos.