El 12 de Mayo, fue el día internacional de la Fibromialgia (FM) y, como es una enfermedad que resuena fuerte entre las mujeres, quisimos que nuestra columnista, la psicóloga Alejandra Rodriguez (Magíster en Psicología Clínica, docente universitaria y directora Centro del Dolor CHILE), nos explicara desde su experiencia profesional la realidad de este padecimiento en sus propias palabras.

Por Alejandra Rodriguez

El pasado 12, varias agrupaciones de mujeres que padecen de Fibromialgia invitaron a una convocatoria en la Plaza Bulnes. Se tiende a pensar que las participantes serían mujeres mayores, pero la realidad no es así, como tampoco es verdad que se trata sólo de curar un dolor físico.

Según registros internos de la Corporación de Fibromialgia de Chile, los casos inscritos entre el año 2000 y septiembre del año 2014 alcanzan un total de 6.559, siendo entre los 35 a 55 años, casi seis mil mujeres que la padecen.

La FM es una enfermedad reumatológica, un síndrome de dolor crónico, que ha sido cuestionada frecuentemente por algunos profesionales de la salud, poniendo en duda hasta la intensidad de su dolor, pero lo cierto es que nadie puede cuestionar la intensidad de mi dolor, ya que el dolor físico crónico se define como una“experiencia sensorial y emocional desagradable”, una percepción que se prolonga por más de 3 meses.  Lo agobiante para quienes lo padecen, es que este dolor, por ser persistente, va generando costos en todas las áreas: personales, laborales, sociales y familiares.

El dolor también se acompaña de rigidez de intensidad variable en los músculos, tendones y tejidos blandos, junto a un amplio rango de síntomas somáticos como fatiga, jaquecas o migrañas, parestesias, insomnio; y psicológicos, como dificultades de atención y memoria, estrés, ansiedad y depresión (Bornhauser y Csef, 2005; Sánchez, Sánchez, de Lamo y Peiró, 2014; Giovannazi, Barraza y Zepeda, 2017).

Se va dejando de hacer las cosas normales que una mujer hace a los 30: caminar, pasear, bailar, salir a carretear con las amigas, hacer deporte, tener sexo, entre otras. Actividades diarias que  al no hacerlas se termina por restringir la vida, limitarla y eso genera impotencia. Así, se van gestando naturalmente muchas emociones: rabia, pena, angustia y ansiedad, y muchas de ellas posteriormente pueden llevar a depresiones o trastornos ansiosos.

El dolor crónico es como una bola de nieve que a su paso va sumando costos, factores de riesgo y va arrasando paulatinamente con la vida de miles de mujeres, por eso, creo los profesionales debemos creer en ellas y darles la mejor de las atenciones que todo paciente merece.

El dolor crónico se ha catalogado como una enfermedad en sí misma y, merece como derecho humano, un tratamiento integral e idóneo. Por eso recomiendo que el tratamiento sea interdisciplinar, es decir, médico, kinésico y psicológico y no sólo médico.  El modelo que debe guiar el tratamiento es el Modelo Biopsicosocial, ya que el biomédico está obsoleto para el abordaje del dolor crónico, porque es insuficiente.