Por: Camila Silva Madariaga (@espacioaguadeluz) es psicóloga infanto juvenil con diplomado en psicopatología del niño y el adolescente. Actualmente cursa diplomado relativo a Parentalidad, Apego y Desarrollo. En la actualidad se desempeña como psicoterapeuta en Espacio Terapéutico Agua de Luz.

En nuestro país hablar de sexualidad libremente es difícil, en general, nos encontramos con personas no dispuestas al diálogo, existen muchos mitos asociados y la relación única con el acto sexual genera más distancia del tema, esto entre adultos, imagínense hablarlo con niños o adolescentes.

Los casos de VIH, enfermedades de transmisión sexual y embarazos adolescentes aumentaron en el último año (fuentes MINSAL e INJUV,2019), asociado principalmente a la escasa educación sexual que presentan los jóvenes chilenos, a pesar de que los colegios deben impartir clases sobre la temática.

Aquí es donde me pregunto, ¿sólo los colegios deberían abordar la temática?, y nosotros como padres ¿hablamos de sexualidad con nuestros hijos?. Dentro de las tareas esperadas de la crianza deberíamos acompañar a nuestros hijos en el descubrimiento del mundo que los rodea, como también de su propia individualidad, es aquí donde aparece el concepto de sexualidad. Para derribar mitos, debemos comprender que la sexualidad es un proceso que nos acompaña desde el día que nacemos, primero aparece como un radar para detectar sensaciones, para luego, con el paso del tiempo, permite vincularnos con otros. Es importante destacar que cuando hablemos de sexualidad, no solo referimos a genitalidad, es importante ampliar el concepto, ya que también incluye las sensaciones agradables/desagradables que sentimos, al concepto cultural-histórico familiar existente, a la intimidad como tal, como también a nuestros procesos de auto-cuidado y a las relaciones que mantenemos. Como vemos, es un tema que abarca múltiples aristas y es mucho más, que genitalidad.

Al comprender la sexualidad de esta manera, nos puede parecer aún más difícil lograr responder a las inquietudes de los niños y adolescentes, por lo que a continuación te dejo algunas claves para dar respuestas asertivas a sus demandas:

1-Debemos saber que no es necesaria una gran preparación sobre el tema, si no que con tu disposición a conversar, tenemos la mitad del trabajo hecho.

2-Responder con naturalidad ayuda a que nuestros hijos se relacionen con la sexualidad de una forma sana. La sexualidad no debe ser un tema tabú ya que como vimos anteriormente, es un proceso propio del ser humano, ayudemos que los niños lo entiendan así.

3-Las palabras complejas de libro de ciencias no sirven, usemos palabras coloquiales que sean comprensibles. Las palabras, son palabras, no nos avergoncemos de usarlas.

4-Prepararnos siempre será un punto a nuestro favor. Conversar con amigos, profesores, familiares sobre las dudas que han tenidos sus hijos a cierta edad, nos puede ayudar. Son preguntas comunes: ¿cómo nacen las guagas?, ¿qué son los gays?, ¿por qué mi papá hace pipí así?, ¿por qué tengo pelos aquí?, ¿a qué edad puedo pololear?.

5-Asumir que será protector responder a las inquietudes ya que nos permite reconocer qué nivel de conocimiento tiene mi hijo y así, advertir riesgos.

6-Nunca digamos “de esto no se habla”, los tabúes solo ayudan a generar confusión y relaciones poco saludables. Si mi hijo tiene una inquietud, es por algo, permitamos que confíe en nosotros, más que centrarnos en los hechos, ayudemos a que se conecte con sus emociones, esto lo ayudará a tomar decisiones responsables.

7-Es muy importante recurrir a tus propias vivencias/memorias y te hagas una simple pregunta ¿cómo me hubiera gustado que me ayudaran a resolver esta duda mis padres?, esto nos permite empatizar y comprender, según la edad, las propias experiencias de nuestros hijos.

Sabemos que cada familia, debido a sus experiencias, concepción del mundo y escala de valores, trata el tema de un forma u otra, no obstante, la invitación es a romper con los patrones que traemos de nuestra crianza y atendamos el tema con responsabilidad, en base a los conocimientos que se tienen en la actualidad. Atrevámonos a responder a las dudas, busquemos ayuda si es necesario, permitamos espacios de diálogo. Está en nuestras manos como padres, favorecer que nuestros hijos desarrollen una sexualidad sana, abierta y protectora.