Ps. Alejandra Rodríguez A. Magíster en Psicología Clínica Docente Universitaria

Se denominan así a las mujeres que desean o se sienten atraídas por mujeres sin dejar de sentirse o autodenominarse por ellas mismas como heterosexuales. Tampoco se denominan bisexuales, inclusive a veces se niegan a reconocerse como tales. Se reconocen como atraídas por mujeres, pero con una clara orientación heterosexual.

Ser hetero-curiosa, no es una denominación académica ni científica, es un concepto que se instaló en el imaginario colectivo social.

Las hetero-curiosas se ubican en la adultez y desean explorar en relaciones lésbicas ocasionales. Muchas aseguran que “no se enamorarán” de ninguna mujer y efectivamente en sus relaciones eróticas dejan afuera el amor y lo logran. Otras sólo se quedan con una curiosidad que no se concreta en la acción, es decir, solo serían “curiosas en la fantasía”. Sin embargo, el concepto implica acciones donde se establecen relaciones eróticas con mujeres.

Esta suerte de curiosidad no se daría en la adolescencia que sería lo esperable como período de exploración para definir la identidad y orientación sexual, pero la curiosidad no es exclusivo del adolescente.

En algunos casos, las hetero-curiosas se embarcan en relaciones lésbicas eróticas y continúan considerándose heterosexuales, o bien pasan a autodenominarse bisexuales. No obstante, otras terminan enamoradas, ya que en la intimidad descubren una homosexualidad que estaba reprimida o latente de la conciencia.

En este sentido, es importante tener en claro que esta “curiosidad” puede ser la punta del iceberg de una homosexualidad latente o reprimida que está inconsciente. Es decir, uno misma no lo sabe. Y con la exploración emerge del fondo del mar esta verdad, oculta, que ya estando en la superficie es difícil no integrarla y aceptarla. Lo complejo es que estando en la superficie hay que hacerse cargo.

La homosexualidad es una condición, no una elección. Sin embargo, en un momento de esta condición uno decide asumirla y posteriormente visibilizarla. Lo más relevante es autoconocerse, mirarse sin temor ni prejuicios. Mirarse para aceptarse. Mirarse para “ser cada día más uno mismo” como planteaba Carl Jung, psicoanalista, discípulo de Freud en su proceso de Individuación.

Este proceso implica ser cada vez más individuo, indivisible, individual, auténtico, original, es decir, único. En nuestra sociedad, profesamos tolerancia a la diversidad, pero en el fondo somos un país que le cuesta aceptarla y por este motivo, ser “parecido o igual al otro es mejor que ser diferente”.

Desde esta perspectiva las hetero-curiosas no son bien vistas ni por el mundo gay y menos por el mundo hetero. Sin embargo, explorar entre adultos con respeto y responsabilidad en la sexualidad, debería ser aceptado con tolerancia por todos. Somos una sociedad rígida con un prototipo de mujer en muchos ámbitos que todas “deberíamos” alcanzar para ser aceptadas, incluidas y valoradas. Es difícil no sentirse influida por estas fuerzas culturales que están adheridas a nuestra piel. El desafío es, entonces, no paralizarse por el miedo.