Por: Catterina Siri, directora editorial Stampa Magazine.

 

Empieza un nuevo año y es imposible partir de cero sin hacer un recuento de lo que ya fue. En esa línea, revisar la lista de temas que han sido la bandera de lucha del discurso pro mujer cae dentro de las tareas.

Al finalizar el recuento del año, creo que las mujeres estamos, poco a poco, siendo cada vez más escuchadas y así lo vemos en los medios de comunicación en ámbitos de la vida cotidiana, también en el respaldo legal frente a la violencia, frente a la “objetivación” del género en la publicidad y también, en lo que respecta a la presencia de mujeres en el mundo empresarial. Me alegra ver que todos los anteriores ya no son temas tabú, ni necesariamente implican una conversación con algún grado de violencia, porque ya son un discurso común y con siempre mejor disposición social.

Nosotras mismas, incluso, hemos hecho eco de esa aceptación de los principios pro mujer en términos de libertad y autoestima al punto que se hace patente que, en todas las generaciones, hoy, somos más consientes (y sin culpa) de nuestras características, virtudes y defectos. En ese aspecto, tenemos un saldo positivo para las mujeres en el desafío de llegar a los espacios en que tanto queríamos ser escuchadas y, pareciera que en Chile, como en la mayoría de los países de occidente, la cosa está bien encaminada alegando y desenmascarando abusos, incluso en Hollywood.

Sin embargo, nuestro género no está siendo respaldado en sus libertades ni en sus derechos en otras latitudes. En algunos países, con otras culturas y religiones, pareciera que ser mujer es ser una especie de humanoide, que no cuenta con los derechos inherentes al ser humano. ¿Y? ¿Dónde están las voces pro mujer? Desaparecen o, simplemente, se lleva el discurso hacia la inclusión, olvidando que el tema de fondo son los derechos humanos, no la tolerancia.

Me preocupa, ver que en Arabia Saudita recién, en septiembre, se aprobara para las mujeres el derecho a conducir; que en Irán, hay mujeres que arriesgan todo saliendo a las calles protestando por sus derechos, apelando a su libertad, quitándose las burkas o hijab en público. Hay imágenes impactantes, pero eso no se ve en los medios, pareciera que las líneas editoriales prefieren hablar de cómo adaptar la burka o el hijab a la playa o a tu color de ojos, de nuevo, desviando hacia la inclusión, dejando a todas esas mujeres que, en otras décadas y también las recientes, fueron castigadas por “insurrectas”, en un vacío moral. La pregunta es: ¿Sus derechos humanos también son un vacío moral?

En Stampa Magazine, somos pro mujer, sin violencia, con amor, con determinación, sin estereotipos y por sobre todo, libres, por eso escribo esta columna, porque creo que la solidaridad de género no es un tema de fe, es un tema de humanidad y las mujeres que hemos logrado nuestros espacios, tenemos que ayudar a las que aún no lo logran. Por eso este llamado de atención al mundo de la moda, a los pro libertades sociales, a las feministas, a los activistas, a todos: basta de vistas gordas este 2018, con los abusos a los derechos humanos, no puede haber tolerancia.