Por: Ps. Marcela Jiménez F. Psicóloga Psyalive

Los niños y adolescentes lo están pasando muy mal, podemos observar días mejores y otros muy difíciles. Para reflexionar sobre este tema y los beneficios que tendrá el permiso especial que comenzó a regir este martes 18 de agosto, para que puedan salir a la calle durante 90 minutos, tres veces por semana, me apoyaré especialmente en los datos que arrojó el estudio liderado por profesionales de la salud mental, en su primera etapa: «Equipo Proyecto Cuidemos a Nuestros Niños (2020) Resultados de la Primera Etapa Proyecto Cuidemos a Nuestros Niños. https://www.cuidemosanuestrosninos.org» 

En dicho estudio, podemos observar que lo que más les preocupa a los cuidadores de nuestros niños, según la encuesta realizada a cuidadores de niños entre 0 y 11 años,es su bienestar socioemocional. En segundo lugar, se encuentra el tiempo que están pasando frente a las pantallas. También, que se enfermen y, en último lugar, descontrolarse ante ellos. 

Respecto a los cambios conductuales *(externalizantes) que se observaron en los niños durante esta pandemia, encontraron en primer lugar (61%) el aumento de la reactividad emocional, es decir, mayor sensibilidad e incremento de las reacciones emocionales. En segundo lugar, las reacciones desobedientes y desafiantes (43%). En tercer lugar, mayor inquietud e hiperactividad junto con los problemas de concentración (42%).

En cuanto a los cambios conductuales *(internalizantes), se observa en primer lugar, el aumento en el apetito (41%) y luego, cambios abruptos de humor (29%). Le siguen, el miedo a enfermarse y la baja energía (14%). También, aunque en un menor porcentaje, niños con tristeza sin causa aparente, dolores sin causa aparente, sarpullidos en la piel sin causa médica aparente y disminución del apetito

En relación a los cambios hacia el adulto significativo, el principal aspecto observado (73%) es el aumento en la demanda de los niños hacia los adultos. Y luego encontramos, en similar porcentaje, el miedo a dormir en una pieza separados de los padres, miedo a que un familiar enferme, aumento de celos y conductas regresivas. 

Como vemos, son múltiples las formas en que nuestros niños y adolescentes están expresando lo que sienten frente a este cambio abrupto, restrictivo e impuesto, a partir de la pandemia. En este sentido, muchas de estas conductas podrían relacionarse con el hecho de estar confinados en sus hogares, la mayoría en espacios muy reducidos y durante tanto tiempo.

Si pensamos qué puede representar para cada niño el hecho de no salir al exterior y ver cómo está afuera debido a la amenaza de un virus, comprenderemos que cada niño o adolescente, lo está viviendo de una manera particular, de acuerdo a su realidad y mundo interno, el cual muchas veces se manifiesta mediante las conductas mencionadas anteriormente.

Sin duda, la posibilidad de salir al aire libre, descargar su energía, ver a otros niños o adolescentes, retomar el contacto social (por supuesto que bajo las medidas estrictas de seguridad), privilegiar el movimiento y el juego, beneficiará a nuestros niños y adolecentes en términos emocionales y sociales. Probablemente, las fantasías más catastróficas se irán disolviendo y la oportunidad de retomar una “normalidad” los llevará, en alguna medida, de vuelta a sus centros.

Es que son muchos los impactos y beneficios de retomar algo tan esencial y básico como salir, transitoriamente, del confinamiento absoluto. Lo que no quiere decir, que para algunos niños o adolescentes esta posibilidad sea aún más estresante e incluso teman y eviten salir a la calle. En algunos casos, la ansiedad y el miedo habrá calado más profundo y será necesario implementar algunas estrategias para ayudarlos a superar aquello. 

Algunas estrategias protectoras, rescatadas del mismo estudio, en cuanto a los aspectos que los padres creen han ayudado a sus hijos; tanto niños como adolescentes en esta pandemia, se traducen en los siguientes relatos de los padres encuestados:

“Ver películas en familia, los asados, escuchar música, leerles cuentos en las noches, la creatividad de los adultos para jugar, hacer ejercicio con ellos, compartir con los hermanos, tener espacio para salir y jugar, compartir con su mascota, tener rutinas familiares, no ser demasiado rígidos con el tema escolar, las clases online por la conexión con sus amigos, relevarnos entre nosotros para estar con ellos y a la vez poder trabajar, mantenerlo ocupado y ayudarlo con actividades guiadas, bajar la exigencia no más allá de los límites básicos, flexibilidad en cuanto a las reglas de la casa, tener distintos juguetes y bien organizados, video llamadas con los amigos, tener paciencia cuando les está costando y no gritarles, buscar actividades diferentes a medida que pasa el tiempo.”

Si bien, al salir a la calle nuestros niños y adolescentes podrán amainar los efectos psicológicos que esta pandemia está causando, no podemos dejar de mencionar el factor más influyente en la salud mental de los niños y adolescentesla capacidad de los adultos de auto regulación y reacción frente al estrés. Recordar, que pese a todo lo que ha implicado esta pandemia, como adultos debemos priorizar y ocuparnos responsablemente de nuestra propia salud mental y autocuidado emocional, para convertirnos en el soporte que ellos necesitan, lograr autorregularnos y contener las demandas de nuestros (as) hijos (as)

Tal como nos muestra el estudio, si para los padres la mayor preocupación sobre sus hijos es el bienestar emocional, y por otra parte, el principal cambio que observan en ellos es la demanda de atención y las conductas desafiantes, los adultos tenemos un tremendo desafío. Para esto, es fundamental conocernos y comprender qué necesitamos para volver a la calma. En este sentido, si como adultos nos sentimos demasiado abrumados, sobrepasados, intolerantes, deprimidos, ansiosos y/o temerosos, será indispensable tomar consciencia y buscar ayuda profesional.

No tenemos por qué “poder” siempre solos, vivimos en comunidad y somos seres sociales, por lo tanto, conectémonos con nuestra vulnerabilidad y apoyémonos en un otro para lograr estabilizarnos y así poder cuidar y proteger a nuestros niños y adolescentes.

Ahora bien, esperaremos con ansias la segunda etapa de tan valioso estudio, citado al comienzo, el cual ya se encuentra en curso, para conocer y reflexionar sobre la evolución de la salud socioemocional de nuestros niños y adolescentes en este último período.