Por: Trinidad Castellanos

“Deja la mente en blanco, deja la mente en blanco… Déjala!”. Estas eran las palabras que repetidamente decía en mi cabeza las primeras veces que intenté meditar. Claro está que así nunca lo iba a lograr, pero eso era lo que yo creía saber de la meditación en ese entonces, antes siquiera de tener una idea de lo que era Yoga y la meditación.

Fue hasta mucho tiempo después que entendí que esta práctica no tenía nada que ver con dejar la mente en blanco, más bien se trata de ser “conscientes de la consciencia”, ser conscientes de uno mismo. Llevo más de 6 años practicándolo (y más de 6 también practicando Yoga, tres de instructora) y quisiera guiarte, paso a paso, con cada nuevo artículo, para juntas avanzar.

Cuando hablamos de la meditación, muchas veces nos imaginamos a un ser “iluminado” meditando en las montañas del Himalaya, sin apegos al mundo material y con muchos años de práctica en el tema, pero la realidad es que la meditación puede estar al alcance de todo el quiera iniciar en ella, sin tener que permanecer horas en la naturaleza o alejados del mundo.

Así es como luego de varios intentos fallidos, descubrí el Mindfulness o “Atención Plena”, esta se describe como un estado de consciencia que trae la mente al momento presente, a nuestras acciones y a lo que pasa a nuestro alrededor, pero ¿Cómo lo podemos lograr y cómo comenzar?

Cualquier cambio conductual requiere motivación, mucha gente empieza a meditar y para rápidamente porque su motivación disminuye a medida que la novedad desaparece. Para contrarrestar esta tendencia natural a perder la motivación hemos de establecer metas cortas y posibles en nuestro plan. 

Antes de iniciar toma en cuenta los siguientes consejos:

  1. Establece un tiempo  para tu meditación. Puedes iniciar con 5 minutos y a medida que vas aumentando tu capacidad de concentración puedes ir aumentando el tiempo hasta llegar a a 30 minutos.
  2. Prepara tu entorno. Busca un lugar cómodo dentro de tu casa, en el jardín o incluso en tu oficina.
  3. Encuentra una postura cómoda. Muchas veces, la posición con piernas cruzadas y espalda recta no suele ser la más placentera para todos y después de permanecer unos minutos en esta postura el cuerpo comienza a incomodar más que a ayudar.  Por lo mismo, puedes optar por usar una silla, un sofá o incluso estando acostado. El propósito de la postura sólo es liberarse de la incomodidad, de manera en que uno se pueda desentender del cuerpo lo más pronto posible.
  4. Deja tu celular en silencio y pon una alarma con el tiempo que hayas decidido iniciar en esta práctica. El temporizador evita la preocupación de estar pensando constantemente en el tiempo.

Aparezca lo que aparezca (en la mente), simplemente obsérvalo. Esta es la instrucción fundamental del mindfulness. Se trata de ser consciente, de observar, de constatar lo que se está haciendo la propia mente en el momento en que dicha acción se está produciendo.  Para esto, utilizamos un “ancla” algo que nos permita permanecer anclados al presente, esta pueden ser muchas cosas: respiración, una emoción, la comida, tu cuerpo, lavar platos, lavarse los dientes, pasear al perro, entre otras.

Mi “ancla” favorita para el minfulness es la respiración, por el puro hecho de ser algo que siempre puede estar a nuestro alcance cuando la necesitemos. Presta atención a tu respirar, así de sencillo, respira y observa qué pasa, nota qué músculos de tu cuerpo se expanden y se contraen cada vez, trata de percibir si tu respiración está rápida o lenta, sin juzgar su estado, solo observando. Es normal que durante la práctica tu mente se vaya a otro lado (pendientes del día, pasado, futuro, entre muchos más), no pasa nada, solo date cuenta que tu mente se fue y vuelve tu atención nuevamente a tu respiración.  Observa si hay algún cambio de temperatura al inhalar y al exhalar, observa el ritmo, la profundidad, las pausas o si sientes algún cosquilleo en la nariz cuando respiras. ¡Observa y percibe todo lo que la respiración hace en tu cuerpo! Como todo en la vida, la meditación también requiere de práctica, por lo que no te desanimes si al principio pasas más tiempo en tu mente que en la respiración, poco a poco, lograrás esta habilidad por periodos más largos.

Habitualmente nuestra mente no se encuentra en un estado de serenidad sino más bien de agitación o de continuo dialogo interno que se describe como la “mente de mono”. Estos pensamientos tienden a repetirse incansablemente una y otra vez, todos los días, incluso todas las horas. Pero para poder pensar con claridad necesitamos darle una calma a la mente y es esto lo que buscamos con mindfulness, dar una pausa, al menos un momento del día, en que podamos crear un espacio de tranquilidad y serenidad.