Han pasado unas semana desde que Donald Trump anunció que abandonaba el Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA, por sus siglas en inglés), un acuerdo, a través del cual, se levantaban sanciones económicas a Irán a cambio de que éste frenase su carrera atómica durante un decenio.

Muchos ven esta salida como una manera de seguir borrando el legado de Barack Obama -pues recordemos que este acuerdo se firmó en 2015-, ya que Trump se ha encargado, durante sus meses de gobierno, de marcar a fuego diferencias con su antecesor. Sin embargo, la actual administración de La Casa Blanca se empeña en justificar su acción por “las lagunas” que tenía el acuerdo al permitir al régimen de Hasán Rohaní dar, prácticamente, rienda suelta a su carrera armamentista.

En efecto, hace algunos días el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, aseguró en una entrevista a Fox: “Espero que, en los próximos días o semanas, logremos un acuerdo que realmente funcione, que realmente proteja al mundo de la mala conducta iraní, no solamente de su programa nuclear, sino también de sus misiles y de su conducta maligna”. Aún así, como sostienen varios al interior del gobierno estadounidense y las otras potencias aún suscritas al pacto—China, Rusia, Francia, Reino Unido y Alemania—, el acuerdo actual es preferible a dejar que siguieran avanzando en la creación de una bomba nuclear.

Lo cierto es que además de las declaraciones de los distintos actores involucrados, no ha pasado nada “visiblemente” concreto durante estos días y mientras Trump presiona para un nuevo pacto y exige algunas medidas a la República Islámica, como detener su apoyo a terroristas, jamás tener un misil balístico intercontinental y poner fin a sus ciberataques contra EE.UU. e Israel; Rohaní mantiene que no viola el JCPOA y que no pretende hacer ninguna concesión adicional en torno al acuerdo nuclear. Por tanto, lo que en este momento le está quedando a EE.UU. para presionar es aplicar sanciones a empresas europeas que negocien con Irán.

El entre líneas de estas acciones, que hacen algunos analistas, es que esto podría deberse al acercamiento que la actual administración estadounidense ha tenido con Israel, reconocidos enemigos de Irán; lo que podría abrir la puerta a un declarado conflicto armado en Oriente Medio. Más ahora que EE.UU., hace pocos días, trasladó su embajada de Tel Aviv a Jerusalén, provocando violentas protestas que dejaron más de 40 palestinos muertos desde Gaza a Cisjordania.

Con todo, no se puede perder de vista que si bien Irán es débil económicamente, no lo es en el ámbito militar y mantiene fuertes posiciones en Irak, Siria y el Líbano, potenciales arenas de combate de estallar el conflicto. Por otra parte, siguiendo la tesis de Estados Unidos, estos años sin bloqueo económico podrían haberle permitido reunir financiamiento para seguir con su anhelo nuclear y el proyecto de una bomba, por lo que la decisión unilateral norteamericana puede haber complacido a Israel o a Arabia Saudí, pero también trajo consigo la desconfianza de los pares europeos. “La época en la que podíamos confiar en EE.UU. se acabó”, sostuvo la canciller alemana, Angela Merkel.

¿Cuál será la posición internacional entonces tras las el anuncio de ayer de Estados Unidos, que junto con disponer de 12 puntos para un pacto mucho más duro, declara que ejercerá una “presión financiera sin precedentes en la historia”? “El aguijón de las sanciones se volverá aún más doloroso si Irán no cambia su curso”, afirmó el secretario de Estado, Mike Pompeo. ¿Cuál será la estrategia del resto del mundo?

Por: Marta Sánchez

Miembros del “Code Pink” interrumpieron la reunión del Comité de Relaciones Exteriores en el Abril del 2015 cuando se debatía y votaba sobre el Acuerdo Nucreal sobre Irán. (Photo credit BRENDAN SMIALOWSKI/AFP/Getty Images) -Sitio Estudios de Política Exterior.