Por:Carlos Enrique Pellegrini.Analista de Social Media en Emirates AirlinesFB: travelpadsIG: travellingpads

Un desierto carmesí. Un beduino itinerante. Una ciudad de Piedra. Una mujer hipnótica. Un mar muerto.

Wadi Rum
La lejanía de la sociedad se hace palpable en las oxidadas arenas de Wadi Rum. El concepto de “Remoto” cobra su máxima expresión al verse sometido a tal soledad abrumadora. Un silencio excesivo abre el día y nuestras conversaciones son la única fuerza que atraviesa la distancia. El conjunto en sí, las arenas rojizas, sus rocas caóticas, el silencio abismal, una cierta atmósfera arabesca plasmada por nuestro recuerdo, nos hace a imaginar una tierra perdida en el tiempo. Tendrán que creerme cuando les confieso que es un sitio místico. Somos 5, 4 exploradores y un audaz guía. Nos disponemos a sortear la noche en un campamento de beduinos Jordanos. Allí conocería a Khalid y una perspectiva que se había fugado de mi consciencia.

Khalid
Un hombre del desierto, un beduino. Cierta serenidad emanaba de su presencia, como un aura perceptible. Su relato, tan elemental como sugerente, nos devolvía la certeza de que existen incontables formas de vivir en esta tierra.

Khalid había tenido la oportunidad de trabajar temporalmente en el Reino Unido, para ser más preciso, en Manchester. Su discurso era simple y acudía al servicio de validar la claridad de sus ideas. El no se hallaba, le faltaba ‘algo’. El ritmo de la gran ciudad no se alineaba con su percepción del mundo. Desorientado en un laberinto suburbano, no lograba vislumbrar su desierto Jordano, su silencio, sus fuegos tribales. Así fue que regreso a Wadi Rum, alineándose progresivamente a su santuario terrenal.

Tan elemental como sugerente. Elemental por ser poco original y hasta trillado, sugerente por la cascada de pensamientos que fluían en mi. Muchos de nosotros buscamos la forma de acceder a una vida que, tal vez no nos convenga, o simplemente no se alinee con nuestras necesidades. Citando a Los Rolling Stones, ‘You can’t always get what you want, but if you try sometime, you’ll find, you get what you need’.

Petra
No es una tarea sencilla expresar lo que uno siente al presenciar una proeza de la magnitud de Petra. El pueblo Nabateo se empeñó en la empresa de tallar una ciudad completamente en la piedra. La complejidad de dicha tarea se traduce en cientos de fachadas que forman templos, habitaciones y tumbas. Como acostumbro en mis viajes, había estudiado diligentemente la cultura de este pueblo. Su organización social, su ingeniera hidrófuga, sus técnicas arquitectónicas, son una pequeña muestra de lo que este pueblo era capaz.

La mujer Jordana
Un laberíntico ascenso nos revela otra perspectiva de la ciudad grabada en piedra. El aire danza al son de un canto distante que desciende de la ladera. Gradualmente, nos aproximamos a su origen: una mujer de rasgos jordanos que articulaba versos harmónicos para atraer turistas hacia su improvisado puesto de artesanías. Una ingeniosa estrategia. La indescifrable mujer nos brindo suaves sonidos, productos típicos de la zona, un té deliciosamente endulzado y hasta protección de la lluvia.

El Mar Muerto
Incontables veces he visto la trillada foto de una persona flotando sobre un cuerpo de agua, en posición sentada, leyendo un diario. El Mar Muerto permite esta posibilidad. Este soporte acuífero da una calma etérea, eliminando el peligro de ser devorado por el agua. Inclusive, es extremadamente difícil intentar sumergirse. Las propiedades de estas aguas se extienden más allá de su cualidad sustentadora. Existen todo tipo de productos derivados de la sal extraída del mar muerto. Uno lo siente al tacto con el agua, una suavidad extrema que oscila entre la seda y el aceite. 15 minutos es suficiente para evitar daños a la salud ya que el elevado contenido de sodio puede ser perjudicial. Una pujante picazón rápidamente se apodera de las partes sensibles de cuerpo. Y ¡cuidado!, el contacto con los ojos y labios produce un ardor hostigante.

Podría confesar que Jordania se encuentra entre mis más preciadas travesías. Las arenas de Wadi Rum dictaron recuerdos descomunales. Petra me educó en materia de capacidad humana y el Mar Muerto me sostuvo. Su gente me inspiró.