Por: Michelle Pollmann. Psicóloga Clínica, Magister en psicodiagnóstico e intervención terapéuticas, postítulo en Psicoterapia Psicoanalítica y Directora de Centro de Atención Integral Al Alma en Santiago de Chile.

 

Hoy en día, entrar a un sex shop es más aceptado que hace una década. Mujeres y hombres pueden ir a buscar productos u objetos que estimulen y favorezcan la vida sexual tanto de parejas como de solteros. La posibilidad de entrar a un lugar donde hay más gente vitrineando de manera muy natural, preguntando por los efectos y usos de distintos productos, donde ves parejas heterosexuales y homosexuales de todas las edades entrar de la mano como si estuvieran en el supermercado. Una tienda donde la vendedora siempre va a estar cerca de ti por si tienes alguna pregunta, pero jamás va invadir tu curiosidad de ver todos los productos que están exhibidos, puedes tocar, oler y probar casi todo.

Para mí, ir a un sex shop es una experiencia que toda pareja debería vivir, aunque no compren nada. Siempre aconsejo ir a uno bueno y no a esos locales del centro de 1×1 donde hay tantas cosas, y todas en su caja o en su bolsa, que no puedes sacar ni ver que llega a ser frustrante. Tiendas como Japi Jane y Secretos de Amor son mis favoritos y los que les recomiendo a todas las parejas que están en terapia conmigo, son una de las miles de tareas que asigno como complemento a la terapia.

Todos los que alguna vez hemos estado en pareja sabemos que el erotismo inicial de cualquier relación tiene fecha de vencimiento, sobre todo si es que vienen hijos en los planes. Lo impredecible, lo espontáneo, el riesgo (de no estar “asegurados”) y la libertad que cada integrante de la pareja tiene en los inicios de la relación se pierden rápidamente con algún tipo de compromiso (convivencia, matrimonio, hijos). No voy a entrar en este tema ya que da para mucho pero les recomiendo ver videos de Esther Perel en Youtube.

Cuando las parejas caen en la monotonía, el deseo sexual parece hacer sus maletas y tomar el primer avión a algún destino más exótico, probablemente se aloja en la fantasía de cada miembro de la pareja y solo en la medida en que cualquiera de los dos pueda identificar este problema es que se puede hablar de él.

Hay un montón de juegos (no juguetes) con los que pueden partir. Les recomiendo la marca Build Love de Nerea de Ugarte, en su página web pueden ver y comprar y en ambos sex shop que les recomendé más arriba, también encuentran sus productos. Hay otros juegos muy buenos que son argentinos que traje hace muy poco para la venta y fueron un éxito, uno se llamaba Rompe Rutina y el otro Descongelador. Y ahora estoy creando, junto con Alexa Ramirez, diseñadora y creadora de @Maternidarks unas tarjetas para poder hablar de sexualidad con la pareja, que van a estar listas para diciembre, así que atentas que en mi Instagram que las vamos a publicar @hoy.me.toca

Ese es el paso uno: Los juegos. El paso dos es ir al sex shop (si hacen ambos pasos en una, mejor aún) y comprar algo, lo que sea. De preferencia un lubricante o estimulador, pero la idea es que se familiaricen con el tema y puedan ver qué otros posibles productos podrían adquirir en el futuro. Un tercer paso es poder incorporar la fantasía en la vida sexual, ya sea con un disfraz, unas esposas, un vibrador o cualquier objeto que favorezca y eche a volar la imaginación.

Lo importante es que ambos puedan sentirse con la suficiente confianza de hablar (por eso para mí es tan importante el paso uno) y compartir incluso aquella fantasía que por años estuvo guardada en el baúl más recóndito de nuestro ser.

Para que todo esto ocurra tiene que haber una pareja y no sólo dos personas que conviven. Por eso, muchas veces cuando las parejas me llaman pidiendo terapia sexual y en el transcurso de las entrevistas iniciales me doy cuenta que no tengo una pareja al frente, les sugiero trabajar primero en retomar el vínculo y luego (o a veces a la par) la sexualidad.

Por último, creo que los más importante de todo es no perder la capacidad de jugar. No porque seamos adultos significa que no podemos jugar. Insertarnos en una dinámica distinta para potenciar la fantasía y el deseo sexual con la pareja con la que comparto cama hace más de 10 o 20 años es, absolutamente, posible solo si ambos están dispuestos a jugar.