Por: Catterina Siri, Periodista. Directora Editorial Stampa Magazine.

Por estas fechas, en algunos lados se acerca el calor y por otros se comienza alejar, pero el cambio de estación se empieza a ver por todos lados, es decir, la tierra nos da muestra de que el tiempo avanza, pero nosotros, al menos yo, siento que el 2020 corre sin que me de cuenta. Como si nada, ya en las vitrinas (las que abrieron), se ven decoraciones temáticas por el final de octubre, calabazas y fantasmitas e incluso, también uno que otro avance navideño. ¡Cómo pasó el tiempo!

Hay para quienes esta sensación es más sutil, pero me atrevería a decir que todas tenemos esa idea de que el año se va y que, en verdad, ha pasado poco en nuestras vidas, pero al respecto quisiera aclarar algo, en la mayoría de los casos, ES SOLO UNA SENSACIÓN, puesto que si analizamos el recuento, hay un sin fin de cosas que pasaron y están pasando (no paran), importantes a nivel personal, nacional y mundial.

Las invito a hacer el análisis, verán que es cierto y si no han «hecho» algo nuevo, de seguro sí lo han proyectado para hacer. Cambios, esa se la palabra de base de lo que va del año. Pero la mente juega trucos y la falsa ilusión de que el tiempo pasa en vano, se produce quizás porque físicamente no hemos podido movernos demasiado, desarrollando, durante muchos meses, todo en el mismo lugar, lo que hace que nuestras mentes se agoten en la rutina de pandemia. ¿Les hace sentido?, ¿Sienten que no queda tiempo para nada y a la vez se preguntan cómo puede ser eso si estamos tanto tiempo en casa?

Me pasó que mis rutinas se alteraron por completo, y no importa en qué nivel de apertura esté la ciudad, todo ha cambiado y la «nueva normalidad» tiene sus propios códigos que también afectan lo que era el día a día, tiempos que se topan con otros, necesidad de omnipresencia en horarios y escenarios diferentes, desplazamientos limitados, en resumen, la agenda se me hizo estresante y difícil de llevar, más aún si se empieza, por voluntad o deber, a interactuar con terceros. Por eso, se me vino a la cabeza la idea de «la rutina de la no rutina» que consiste en bajar la presión ante la nuevas exigencias fijando, dentro del extraño contexto, un momento a la semana para actividad indeterminada, únicamente dedicado para mi, desconectada de la multiplicidad de roles y tareas, conectar en modo MONO TASK con algo que quiera. Suena mágico y lo es y aunque parezca difícil, ahora es más fácil que antes porque ya hay conciencia de la cooperación e integración de los demás miembros de tu casa (o debería haberla porque nos pega a todos), respecto de lo cansador del efecto pandemia de estar 24/7 en todo al mismo tiempo, usa eso en tu favor.

¿Tiempo para qué? para un poco de silencio mental, para avanzar en tu lectura, para hacer ejercicio, un rato de hobbie, para actualizarte, caminar, meditar, ir por un café (si en tu ciudad se permite), lo que sea, todo es válido mientras sea tuyo y solo tuyo en estado «off» de tu agenda y ojalá en un espacio distinto al que pasas la mayor parte del día, para despegarte de la rutina, recargar energía y nutrirte. La salud física es importante, pero también lo es tu salud mental y si hasta ahora nos habíamos sentido perdidas en el calendario, llegó el momento de volver a encontrarnos. Respira profundo… ¡y aquí vamos!