Por: Erika González Prelle. Consultora Senior en Desarrollo de personas y de carrera competencias laborales – entrevistas de selección – coaching – consultoría.

 

Estamos terminando el año y la acumulación de tensión se hace presente y muchas veces visible. En el mundo del trabajo, poco se considera el cuerpo. En general, los planes de capacitación y desarrollo no lo incluyen para nada. Tampoco se vincula a aspecto como la efectividad o eficiencia de equipos. En general las organizaciones lo relacionan con salud física individual.

El cuerpo es el lugar donde se aloja todo nuestro ser: nuestras emociones, los elementos bioquímicos que ellas generan y por lo tanto, nos predisponen en nuestras acciones, en nuestro desempeño. Cada vez se publica más acerca de cómo las emociones y las situaciones sociales y psicológicas nos enferman o afectan desfavorablemente nuestra salud (dolores musculares crónicos, por ejemplo). No obstante, poco se ha dicho de cómo esto afecta nuestras relaciones interpersonales. Si habitamos un cuerpo cargado con rabia o resentimiento, con desesperanza, con soberbia, es difícil que eso no se exprese y que por lo tanto, otros no lo noten. Lo clave es saber que esto trasunta a las competencias laborales como productividad, trabajo en equipo, iniciativa, proactividad, orientación a los resultados y a la calidad.

He escuchado de líderes y pares, expresiones que aluden a estos estados alojados en el cuerpo con frases muy fuertes como: “esa persona ya se “achanchó” en su puesto”; “cuando le veas, te vas a dar cuenta, basta ver cómo camina”; “mírale la cara”, etc.

Creemos que nuestras emociones no se ven y que ellas no afectan nuestro desempeño. Poca consciencia tenemos que nuestra disposición física habla mucho de la disposición frente al trabajo y la vida. He tenido la oportunidad de formarme en trabajos de meditación activas que remueven justamente las energías y las emociones estancadas en nuestros cuerpos y la verdad, es impresionante el cambio en la actitud y en la forma de relacionarse después de haber hecho un trabajo somático. Las organizaciones debieran considerar en los planes de desarrollo organizacional, una gran variedad de trabajos corporales, en la misma perspectiva que incluyen cursos de formación teórica. Eso no solo mejoraría la salud individual sino las relaciones interpersonales, la productividad y el clima organizacional.

Sacudir el cuerpo para que aparezca la persona sana y energizada que allí se encuentra y se disponga a experimentar lo mejor de sí misma.