Por: Michelle Pollmann. Psicóloga Clínica, Magister en psicodiagnóstico e intervención terapéuticas, postítulo en Psicoterapia Psicoanalítica y Directora de Centro de Atención Integral Al Alma en Santiago de Chile.

No existe ninguna otra condición médica que sea potencialmente tan frustrante, humillante y traumatizante para los hombres como la disfunción eréctil. En casi todas las culturas y grupos socioeconómicos gran parte de la autoestima varonil se basa en la erección. Las altas expectativas y las exigencias en la ejecución sexual pueden ejercer efectos desastrosos sobre la respuesta sexual masculina. Las demandas para un buen rendimiento de parte de la pareja generalmente bloquean los reflejos sexuales.

Implícitamente la cultura les ha prohibido a los hombres fallar sexualmente. Pareciera que existiera un mandato firmado en el nacimiento, donde los hombres deberán ser potentes, tendrán un deseo sexual activo, eterno e inagotable, una erección insuperable y un rendimiento al 100%. Si no cumples esos estándares, hay un cuestionamiento.

En el mundo, 2 de cada 10 hombres menores de 40 años padece disfunción eréctil, mal llamada impotencia. Y tan sólo el 10% acude a un profesional.

Por lo general quienes consultan lo hacen con un urólogo quienes recetan algún fármaco para potenciar la erección, lo cual funciona un tiempo, pero sabemos que el cuerpo se acostumbra a ciertos medicamentos y al cabo de unos años éstos ya no hacen el mismo efecto que en sus inicios. Y ahí la ciencia se queda sin recursos.

He tenido varios pacientes que llegan diciendo que el urólogo les dijo que es una patología que no tiene cura y que hay que aprender a vivir con ella. Sin desprestigiar a los médicos, me parece muy poco ético anunciar una catástrofe de tal magnitud sin medir el impacto que eso puede generar en la vida de los hombres que consultan.

Los valientes que logran traspasar la barrera de la ciencia e ir a un sexólogo son quienes han sobrevivido durante años con la disfunción eréctil y que sienten que ya no pueden seguir escapando. Hombres que llegan con la mirada baja, avergonzados, nerviosos, abatidos, dolidos y dañados. Hombres que dejaron de disfrutar del sexo (o que tal vez nunca lo han disfrutado) por la ansiedad que generan las expectativas. Hombres con baja autoestima, decepcionados de lo que siempre pensaron que iba a ser el mejor placer de la vida.

Llevan años evadiendo el tema, años sin poder tener una relación estable porque en el acto sexual fallan, se sienten exigidos, se defienden ante las críticas, rápidamente se desconectan emocionalmente para resguardarse del sufrimiento. Sin más alternativas optan por el sexo casual, ya que les produce menos ansiedad si sólo habrá un encuentro sexual, donde podrán culpar al alcohol, las drogas, el estrés o el cansancio.

Este tipo de relación además genera inseguridad en la mujer, porque el primer pensamiento (a mi juicio errado, pero vamos en vías de recodificar) de todas mujer cuando un hombre falla en la erección es “no soy lo suficientemente atractiva/erótica/sensual/entretenida” y cómo es poco probable que ocurra otro encuentro, su fantasía se hace realidad para ellas. Sin querer queriendo hay un doble daño, pero todo ocurre en fracciones de segundos, con parejas sexuales no estables donde vulnerabilizarse y hablar del tema pocas veces es una opción.

Masters & Johnson, pioneros en el estudio científico de la conducta sexual, distinguen dos tipos de disfunción eréctil: la primaria (quienes nunca han logrado una erección con una mujer pero sí en la masturbación) y la secundaria (mantenían una buena erección en los encuentros sexuales hasta un punto en que ésta no se volvió a conseguir). Según éstos investigadores, el porcentaje de cura en la primaria es alrededor del 60% mientras que en la secundaria asciende al 80%. El problema está en que pocos hombres se atreven a consultar por iniciativa propia, la mayoría de las veces vienen prácticamente bajo la amenaza de su pareja, quien ruega por la atención de un profesional para la mejor de la vida sexual.

La terapia sexual centrada en los síntomas es uno de los tratamientos que ofrece la sexología para aliviar el malestar del individuo. Cada sexólogo implementará el tratamiento al cual se adhiere según su estilo de trabajo, marco teórico, formación y experiencia clínica.

En mi caso, quienes he atendido llegan muy ansiosos, expectantes y exigentes con el tratamiento. Necesitan un alivio instantáneo para poder disfrutar de la vida sexual tal y como lo han visto durante toda la vida a través de la pornografía, porque lamentablamente es la fuente de educación sexual en Chile y muchas partes del mundo. Por lo general, vienen de años de uso de Sildenafilo, más conocido como Viagra, pero con poco efecto en el último período. Algunas veces llegan porque conocieron a una mujer que pareciera ser importante para ellos y no quieren volver a fallar, como sienten que lo han hecho con casi todas las mujeres que han estado.

Son hombres con un gran dolor, desahuciados de la ciencia, del amor y de las relaciones sexuales. Nunca han compartido la realidad de su disfunción con nadie y han sufrido en silencio cada vez que se enamoran. Hombres que llaman un montón de veces para pedir hora y después la cancelan, y así pueden pasar meses o incluso años hasta que se encuentran en un callejón sin salida y se permiten el espacio. Hombres que sí lloran, pero muchas veces en silencio.