En Septiembre entrará en vigencia la ley francesa en la que se prohíben los teléfonos celulares en todos los establecimientos escolares del país galo. ¿Por qué? Porque la adicción que generan los teléfonos inteligentes está pasando los límites.

La polémica medida, tiene el propósito de incentivar la interacción entre los alumnos e implica que estos no podrán usar sus aparatos durante clases, ni tampoco a la hora de almuerzo ni en los recreos, lo que a los ojos de la comunidad internacional se vio muy drástico, pero no así a la ojos de la neurociencia. Resulta que hace un tiempo, la academia de Pediatría de los Estados Unidos y Canadá, advirtió que los altos niveles de depresión en los escolares adolescentes y pre adolescentes, se veía en gran medida aumentados por la adicción a esta tecnología.

¿Qué pasa en Chile? recientemente, el académico e investigador de la Universidad de los Andes Ricardo Leiva, reveló un estudio hecho entre jóvenes chilenos, cuyo resultados respalda la decisión del gobierno francés. En nuestro país, el promedio de uso de los teléfonos en escolares es de 6 horas (el más alto de la región) y “por cada hora extra por sobre el promedio, se reflejan 3 décimas menos en las notas”, afirmó, pero eso no es todo.

La también académica de la U. de los Andes y Doctora en Educación por la Universidad de Virginia, Carolina Melo Hurtado, ha estudiado los efectos de las pantallas interactivas en menores y adolescentes y en su última columna, escrita para El Mercurio, reveló más datos que han hecho ruido. “Cuando interactuamos con estos dispositivos, la dopamina se eleva más rápido que lo normal y se genera en cantidades desproporcionadas, lo que el cerebro no puede manejar de forma sana, resultando en una hiperestimulación que tiene efectos nocivos similares a los efectos de la cocaína en la conducta. La dopamina en estas cantidades afecta la capacidad de concentrarse, de conectarse con otros, etcétera. Más aún, las grandes cantidades de dopamina afectan el área encargada de la empatía llamada “Insula”, lo que podría explicar por qué los adolescentes son cada vez menos empáticos.”

Respecto del uso en niños pequeños, ambos están a favor de la mesura y evitar que los  menores se sobre expongan, ya que el efecto de las pantallas interactivas también depende de nuestra etapa de desarrollo. “El efecto que esta tecnología tiene en el lóbulo prefrontal, nuestra parte racional del cerebro y que regula los impulsos, incide directamente con la capacidad que tendrá ese niño en materias de flexibilidad cognitiva, la capacidad para aprender, poner atención y su memoria de corto plazo…”. comentó la académica en una radio local. Sucede que la interacción constante con esta tecnología libera también muchos niveles de cortisol, la hormona del estrés, y por eso se explica la irritabilidad de los niños cuando ya no tienen el juego a disposición.

Pero no todo es malo, por supuesto que la tecnología es una excelente herramienta para la búsqueda de información y complemento actualizado para muchas tareas, pero a la luz de los estudios, es el tiempo de exposición, el propósito y la edad del usuario lo que influye en su efecto negativo. “El ser humano aprende a través de la interacción y aquí está el peligro, la interacción debe ser con otros seres humanos, principalmente los padres, para que el niño internalice las emociones y aprenda de su entorno, si estamos todos distraídos en una pantalla, la tarea se hará más difícil”.