Por: Camila Silva Madariaga psicóloga infanto juvenil con diplomado en psicopatología del niño y el adolescente. Actualmente cursa diplomado en Parentalidad, Apego y Desarrollo. Terapeuta en Espacio Terapéutico Agua de Luz

Un tema muy en boga durante los últimos años tiene que ver con la estimulación temprana de bebés y niños. Pero, ¿por qué tanta importancia por la estimulación? Bueno, ya que desde la visión actual, más ligada a lo competitivo, se entiende que un niño “muy estimulado” es “más inteligente” que otro, que no lo esté; por ende, más preparado para la vida.

¿Esto será así? En términos generales, hablamos de estimulación temprana cuando  buscamos potenciar habilidades motoras, de lenguaje, cognitivas y socio-emocionales, buscando que se desarrollen en su máximo potencial. “Su” máximo potencial, no el de otro niño, no es comparable. Esto, se propone desde los más revolucionarios descubrimientos sobre el funcionamiento del cerebro, donde se observa que los niños desde que nacen hasta los 6 años de edad, presentan períodos sensibles o ventanas de oportunidades que les permiten aprender de una manera más rápida y fácil. Desde esta perspectiva, el estimular al niño a través de diferentes actividades, implementación de juguetes, sonidos, música, lecturas, etc; es muy positivo para la nutrición cerebral, pero se vuelve un riesgo, cuando el objetivo es sobre-estimular. 

Cuando los padres pierden el horizonte y desde que el niño nace, buscan estimular a través de todos los medios, se producen interferencias en varios ámbitos y consecuencias que no son perceptibles de inmediato, como aumento de la irritabilidad, conductas erráticas, llanto excesivo, desconfianza de los adultos que lo rodean, baja tolerancia a la frustración, sentimientos de competitividad a corta edad, desinterés por actividades que anteriormente le producen satisfacción, como muchas otras más. Al desencadenar estos síntomas es donde los padres se preguntan si fue positivo esta estimulación. 

A continuación te propongo algunas ideas para que logres estimular a tu hijo, sin la necesidad de que existan expectativas poco realistas que puedan interferir en su desarrollo.

1.- Respetar los ritmos: Cada niño es distinto, por ende, no puedes poner como parámetro al hermano, amigo, sobrino; sus desarrollos avanzaran por caminos distintos según varios factores, que se escapan del mero hecho de estimular. 

2.- Internet es un arma de doble filo: Si bien en la web encontramos material muy positivo, también existe información que hace confundir los límites y podemos caer en la sobre-estimulación. Nos podemos orientar por las experiencias de otros pero no son determinantes. 

3.- Ojo con las actividades extra-escolares: En general son positivas las actividades que están fuera de lo académico, sin embargo, es necesario que éstas sean en base a las necesidades/intereses de tus hijos. Como para ti puede ser buena idea incorporarlo a una clase de idiomas, para él puede serlo el incorporarse a una clase de baile. Respetemos esa decisión.

4.- Conectar: El indicador más importante a la hora de elegir qué camino es más provechoso para los niños, es el conectar con ellos, con sus necesidades, con lo que buscan y esperan; los ayuda en que ellos se conozcan así mismos. No olvidar que parte de las habilidades a estimular, también son emocionales y no solo cognitivas como se creía antiguamente.

5.- ¿Qué jardín/colegio me gusta más?: Cuando llega la hora de escoger el lugar de estudios de los niños se abren muchas variables, dentro de las cuales, el tema de rendimiento académico en general es preponderante previo a otro factor. Aquí la decisión debería responder a ¿qué colegio/jardín necesita mi hijo?, la idea es buscarlo en base a sus necesidades y no la de los padres. A ti te puede interesar que sea un matemático que hable 2 idiomas, pero quizás tu hijo tiene más aptitudes para el arte y la música. 

Si bien, es fácil caer en las exigencias, ya que vemos a los niños con tantas ganas y potencial para el aprendizaje, se debe ser cauto, ya que en la infancia se van formando los cimientos que nos acompañan para toda la vida, las exigencias, las obligaciones y lo esteriotipado puede esperar. Mientras se sea niño, hay que descubrir el mundo de múltiples maneras, no olvidar que dentro de esta exploración se forma el mundo afectivo, que es un área muy importante para desenvolvernos, por sobre en ocasiones, que lo cognitivo.