Marianne Kohler (@espacioaguadeluz) Psicóloga Clínica formada en la visión Humanista Transpersonal con Postítulo en Terapia Estratégica Breve. Diplomada en Terapia Floral y Reiki. Directora y Fundadora de Espacio Terapéutico Agua de Luz,  www.espacioaguadeluz.cl 

En este periodo en que estamos, depende de dónde nos leas, en cuarentena obligatoria o voluntaria, lo más probable es que exista una tremenda ansiedad por querer salir de este estado. Y, ¿cómo no? todo esto ha implicado que tengamos que adaptarnos a miles de cambios: partiendo por nuestros planes a futuro, nuestra dinámica familiar o en el hogar, en cómo estábamos trabajando, cambios y más cambios. 

Y es que, a pesar de que sabemos que lo único permanente es el cambio, no deja de ser difícil el poder adaptarse a todo esto. Y como se hace difícil el momento presente, sin querer nos resistimos y buscamos que sea diferente a lo que está siendo, probablemente aumenta la ansiedad (manifestándose de varias formas) por querer que todo esto acabe y que “vuelva a ser como antes”, y con esto, aumentar nuestras expectativas con respecto a cómo será todo después. Pero, ¿Cómo podemos manejar las expectativas para volver de una manera más adaptativa a lo que sea que tengamos que “volver” más adelante?

Lo primero es lo primero: 

  • Conectar con nuestro cuerpo: El cuerpo nos comunica lo que estamos sintiendo y la información que nos entrega es siempre mucho más coherente con lo que nos sucede que lo que nos entrega la mente, ya que esta suele estar téñida por diferentes ideas. Comuniquémonos con nuestro cuerpo a través de la respiración para poder conectar con nuestras emociones y valorar qué es lo que necesitamos. Por ejemplo, si siento ansiedad por la incertidumbre, ¿Qué necesito en este momento? Probablemente sea recordar las certezas que sí tengo en mi vida. ¿Cuáles son? Buscarlas, encontrarlas y enumerarlas. Ojalá podamos escribir en un papel todas estas respuestas para que, en caso que necesitemos recordar, las tengamos a mano.
  • Analizar las expectativas y contrastarlas con lo que está en el presente: Preguntarme cuáles son mis expectativas con respecto a cuando esto acabe y cuánto de eso puede ser efectivo y cuánto no. Las expectativas en este momento ojalá que sean simples, mínimas, sin perdernos en ilusiones o idealismos que más que ayudarnos a conectar con nuestros recursos, nos pueden generar malestar.
  • Recordar lo que sí funciona: a veces, cuando todo parece estar “patas para arriba”, es importante recordar lo que si me funciona, mis recursos, lo que me hace bien. ¿Qué me ha servido antes para poder manejar mi ansiedad o expectativas? ¿Qué cosas me traen bienestar? Lo que sea que nos haga bien, hacerlo más. Y lo que nos traiga malestar, reducirlo. Esto va de la mano con:
  • Confiar en nosotros mismos y en nuestras capacidades, herramientas, habilidades y maneras de afrontar las situaciones de estrés. Conocer nuestros límites y respetarlos.

Por último, quiero agregar que el agudizar nuestra capacidad de encontrar belleza en el caos puede ser un gran salvavidas. Conectar con lo poderoso que puede ser la vulnerabilidad y la fortaleza de aprender a adaptarnos a una situación. Recordar nuestras aptitudes y desarrollar nuevas, valorar la suma de lo que agregaremos en nuestra “caja de herramientas” por si es que más adelante nos sentimos parecido y necesitamos utilizarlas, ya que entonces, lo haremos desde un escalón más arriba.