Por:Carlos Enrique Pellegrini.Analista de Social Media en Emirates AirlinesFB: travelpadsIG: travellingpads

Expectativas

¿Cuantos consejos reveladores uno recibe en su vida? Son extensas las opiniones y perspectivas a las que uno se ve expuesto al socializar con terceros. Estos trozos de información levitan nuestra consciencia como un enjambre de mariposas agitadas por un verano efímero. Pareciera que nuestro objetivo fuese capturar aquel proverbio que se adapta a nuestras necesidades. El consejo del que hablo específicamente no califica como “Original”, (tal vez en algún momento lo fue) pero al aplicarlo a mis viajes demostró ser extremadamente valioso.

“Expectativas bajas, estándares altos”

Vistiendo este lema ingresé al Líbano. Por cuestiones de tiempo y prioridad, no pude dedicarme a la investigación previa que este país se merecía. Fue así que no tenía un concepto formado sobre este territorio, sino una vaga idea de lo que podía esperar y una noción de desmotivación hacia mi visita. Gratamente, el Líbano me dio una lección. Y es cuando logramos esquivar ese proceso mental de proyectar lo que queremos ver o saborear, que damos espacio a que la realidad nos eduque.

Enfeh

Una briza templada acaricia mi mejilla al ingresar al pueblo. Dioses griegos suspiran en la distancia. Inevitablemente, mi mente lucha por sentido. Europa se extiende en la distancia. Me encuentro ante las puertas del pueblo Libanés Enfeh. La estrella diurna se encuentra en su apogeo, cultivando mi deseo por agua fresca y playas rocosas. Enfeh se presenta como un espejo surreal de islas como Santorini o Mykonos. Las autoridades locales han hecho un magnífico trabajo en proveer al pueblo de la atmósfera adecuada. Desciendo por escalinatas blancas y cafés azules, una espiral arremolinada hacia el océano. Me sumerjo en las aguas y a la deriva encaro la costa. Absorbo la belleza de este santuario que se asemeja a las costas Griegas, aquí mismo, en el medio oriente.

Refugiados

El Líbano es uno de los países con mayor número de refugiados en el mundo. Actualmente, se estima que ¼ de la población del país, son refugiados Sirios. Estas estadísticas difícilmente trascienden la mera publicación que estamos leyendo. La crudeza de lo real cobra vida cuando deja de ser un titular y se manifiesta en la forma de un ser humano en la ventanilla de tu carro, humildemente rogando tu ayuda. En mi caso se materializó en una niña de unos 5 o 6 años, con un ojo ensangrentado, incapaz de responder a mis intentos de comunicarme en un inglés básico o un francés golpeado. Su figura se disolvió entre una manada de carros vibrantes, sin embargo, su imagen perdura en mi recuerdo.

Controles militares

Si las condiciones son favorables y las alternativas acotadas, prefiero el alquiler de un carro para navegar esos puntos de interés fuera de la ciudad que visito. Factores como transporte público, costo y carreteras son puestos en la balanza decisora antes de concretar la renta. En el Líbano, otro factor inusual entraba en juego, los controles militares. La revolución Libanesa que tuvo lugar entre los años 1975 y 1990 fue de tal magnitud que hoy en día la presencia militar no es de extrañar. Otras cuestiones como la migración Siria y los conflictos con los países vecinos también contribuyen a que las fuerzas militares tengan un gran protagonismo en los mecanismos de este país.

Mi primer encuentro con uno de estos controles se desarrolla en las cercanías del Airbnb en el que me estoy hospedando. Nada inusual, un control de pasaporte, un par de preguntas y por supuesto, el típico comentario futbolístico que siempre recae sobre un argentino. Y ese preciso detalle es un as que abre puertas, libera tensión y favorece la complicidad. Tan simple como mencionar a Messi o Maradona y pareciera que fuéramos viejos amigos.

El Líbano logró superar ampliamente mis expectativas. Su riqueza histórica se eleva a niveles solo comparables con los conflictos que hoy aquejan al país. Una nación que nos brinda contrastes sociales y nos acerca a la crudeza de la actualidad.