Por: Camila Silva Madariaga (@espacioaguadeluz) es psicóloga infanto juvenil con diplomado en psicopatología del niño y el adolescente. Actualmente cursa diplomado relativo a Parentalidad, Apego y Desarrollo. En la actualidad se desempeña como psicoterapeuta en Espacio Terapéutico Agua de Luz.

Hasta el año 1989, previo a que se realizara la convención de los derechos de los niños, se comprendía que los golpes eran una forma válida de manejo conductual ya que, se pensaba, ayudaban a los niños a aprender más eficazmente. En la actualidad y, sobre la base de estudios realizados por expertos, se sabe que los malos tratos causan alteraciones en la salud física y mental que pueden perpetuarse para toda la vida.

Es aquí donde aparece el concepto de parentalidad positiva, el cual refiere a un “SER PADRES” basado en el interés superior del niño, donde se promueve la atención y desarrollo de las capacidades, ejercicio de la no violencia, reconocimiento y orientación de los límites, como necesarios para el desarrollo de niños y adolescente (Rodrigo et al, 2010). Desde esta perspectiva el padre positivo está atento a las necesidades bio, psico, sociales de su hijo, atiende, reconoce y guía, lo cual promueve un pleno desarrollo emocional en el niño o adolescente, que entrega seguridad.

A continuación propongo, algunos principios y ejemplos, que nos ayudarán a llevar este estilo de crianza a la cotidianeidad:

1.-Desarrollar vínculos afectivos cálidos: Nada más importante para desarrollar confianza en nuestros hijos, que establecer vínculos cercanos, de aceptación y no enjuiciamiento. A veces las palabras sobran y un abrazo contenedor puede ser más beneficioso.

2.- Disciplina asertiva: Este estilo de crianza no es permisiva, si no que valida los límites como necesarios, en la medida sean justos. Con los niños más grandes, podemos negociar y generar acuerdos en conjunto. Con los más pequeños, es ser congruentes con las normas y reglas. No debemos olvidar jamás felicitar a nuestros hijos, esto los ayuda en desarrollar seguridad y confianza en sí mismos.

3.- Ambiente de estimulación y apoyo: El aprendizaje debe co-construirse en familia desde que los niños son pequeños, lo anterior, ayuda a motivar a nuestros hijos y que conozcan sus habilidades. Debemos invertir en tiempo de calidad.

4.- Reconocimiento: Ni tu hijo, ni tú, ni nadie, es perfecto, debemos ser realista con lo que esperamos de ellos, todos cometemos errores y nos equivocamos. Estas expectativas ayudan a generar una relación autentica entre padres e hijos.

5.- Educación sin violencia: Cuando hablamos de violencia, no solo nos referimos a castigo físico, si no que verbal y psicológico. Implementar la violencia, favorece que nuestros hijos se relacionen de dicha forma con terceros. La idea de este modelo, es que logremos elogiar un buen comportamiento y ayudemos a reflexionar ante uno negativo. En caso de que el comportamiento requiera de una “sanción”, debemos tener en cuenta que no debe ser física, si no que propicie la reflexión, por ejemplo, puede ser útil con los más pequeños, el retenerles un juguete que les agrade o en los adolescentes, bajar su mesada para sus gastos personales. En este punto, se requiere de nuestra creatividad como padres.

En consecuencia, el ejercicio de la parentalidad positiva es un valioso recursos que tienen los padres para ser protagonistas de la crianza de sus hijos, favorece en los niños y adolescentes mayor contacto con su mundo emocional y los prepara para la vida adulta. Sabemos que la tarea de ser padres no es fácil, a nadie se le enseño a serlo y en general, vamos aprendiendo sobre la marcha. Te proponemos intentar poner estos principios en práctica y que experimentes el ser un “padre positivo”.