Por: Catterina Siri, Directora Editorial Stampa Magazine.

Cuándo fue la última vez que te juntaste “porque sí” con una amiga, así, casual, que alguna marcó el teléfono y se vieron tras el clásico “¿Dónde andas? ¿Nos vemos?”. Al menos a mi hace un buen rato que no me pasa porque, claramente, estoy lejos, en un país donde no conozco mucha gente y además en proceso de un embarazo algo complejo y, tal vez por eso, es que más extraño esa inusual función que tiene el celular… llamar. Pero estar lejos no es estar incomunicados, menos mal, hoy hay miles de formas de enterarse en qué está cada cual y la tecnología y sus redes sociales virtuales han hecho una buena tarea en eso. Sin embargo, creo que es a estas alturas irrefutable el hecho de que nada reemplaza lo enriquecedor de la amistad en carne y hueso, los abrazos, las experiencias vividas juntos y el sabor que van dando los años a esas mismas.

No hace mucho, vinieron a visitarme a Guatemala dos de mis más queridas amigas, de esas que de solo verlas salir del aeropuerto ya te sacan una risa que no sabes bien a qué se debe, pero que te despierta el alma. Años, décadas de amistad y por cierto, cientos de historias que están en el background de esa relación. Hoy, somos mujeres con la vida andando y obviamente, con distintas preocupaciones, seguimos sumando a ese feedback. Tenerlas en casa me hizo pensar precisamente en eso, todos tenemos claro el valor de la amistad, pero ¿cuántas de nosotras, adultas, ocupadas, preocupadas, o distantes, cultivamos nuestras relaciones más allá de un “like”? Ok, no se trata de estar cargando con conversaciones eternas cuando la realidad actual es que el tiempo es escaso, aún así, la pregunta es válida… ¿Qué espacio le damos a la amistad? Y por consecuencia la pregunta real es: ¿Qué espacio nos estamos dejando para disfrutar de las cosas simples (con las que ya contamos) y que nos nutren? ¿Realmente, sabemos disfrutar de lo que construimos? ¿O es que el avanzar a toda costa nos está quitando hasta las recargas de energía?

Aquí, en Stampa Magazine, este año con la Fran hemos sido capaces de adaptarnos a varios cambios (de país, idiosincrasias, nuevos hijos, embarazos, baches de salud, etc, ¡todo junto!), aunque eso haya significado tener que bajar el ritmo en ocasiones y reacomodarlo. Por eso, personalmente, quise hacer esta editorial preguntando a todas este tipo de cosas, porque en las redes (que tanto nos mantienen al día), sólo se ven pequeños instantes de vida o miles de consejos que invitan al movimiento perpetuo, pero ¿y las pausas?

Difícil es correr solos y exigirnos todo el tiempo, tenemos que aprender a recargar las energías y a disfrutar de ello nutriéndonos de lo nuestro y de quienes nos hacen felices, básicamente, eso es lo que nos permite también seguir avanzando. Ese es el tiempo real con las amigas, con tu pareja, con tus hijos, con la chimenea, con tu libro, con tus abuelos, con el mar, con todo lo que te conecte con quién eres (incluso con el caos que implica) y te libere el espíritu por un momento; tus momentos para llenar baterías y fluir.

Como siempre la invitación es a no dejarte de lado, esta vez, aprendiendo que las pausas no son malas, que el destinarnos tiempo para interactuar de verdad (con olor y sabor) para recargarnos de ánimo, es más importante que recargar el celular, que de otra forma no lograremos lo que buscamos porque el stress y la autoexigencia constante de “ser algo más” de lo que ya somos (muy en boga entre mujeres, como si ser lo que eres fuera poco), nos pasarán la cuenta y sin resultados, y recuerda este tip Stampa: Todo lo que decidas sumarle a tu vida, súmalo transformándolo en un gusto y no en una carga… aprendamos a disfrutar.