Las personas están constantemente en la búsqueda de bienestar. Eso las hace tomar conciencia de su alimentación y de la búsqueda de un equilibrio para lograr un buen estado de salud.

Actualmente, vivimos en tiempos de una alimentación procesada, de productos que mantienen años de durabilidad instalados en un estante de supermercado y que han perdido su principal aporte, ser verdaderos alimentos saludables y de calidad donde encontrar la mejor biodisponibilidad de los nutrientes que necesitamos.

Lo cierto es que en muchos casos, la industria alimenticia ha olvidado rescatar la esencia de la antigua elaboración artesanal de los productos, ricos en fibras y probióticos, privándonos de su verdadero aporte para nuestro organismo.

Para la doctora Alejandra Mateluna, experta en alimentación consciente, esto radica en que “hoy la mayoría de los alimentos son de origen industrial. Esto ha abaratado costos, cambiando ingredientes sustanciales en los alimentos por químicos o sucedáneos que finalmente son elementos muertos que no aportan en nada”.

Conscientes de la deficiencia en nuestra alimentación, es importante suplir el apoyo de probióticos para mantener un buen estado de salud, para prevenir o mejorar un resfrío, combatir la alergia primaveral y potenciar sistema inmune, la digestión y el metabolismo.

Los probióticos son bacterias que, administradas adecuadamente, generan beneficios en nuestro organismo.  En nuestro cuerpo conviven bacterias; existen las buenas, llamadas comensales, y también las malas o patógenas. Ambas viven en equilibrio en una proporción ideal, pero cuando ocurre algún evento que las altera, ya sea uso de medicamentos en forma crónica (antidepresivos, anticonceptivos, antialérgicos, antibióticos), intoxicación por comida, alergia, intolerancias alimentarias y malos hábitos en la dieta, estas bacterias se ven alteradas y se genera el desequilibrio.

Lo que comúnmente se asocia a la palabra probiótico tiene que ver con lácteos que mejoran la flora bacteriana en casos puntuales, pero sus propiedades van más allá. Los yogurts, por ejemplo, tienen millones de bacterias mientras que los probióticos tienen una potencia de billones o mil millones, siendo sustancialmente más potentes.

Según la doctora Mateluna, hoy existen probióticos entendidos como “suplementos alimenticios concentrados de microrganismos que cumplen un rol benéfico en el intestino. Además, existen estudios científicos que han comprobado distintas cepas de bacterias que desempeñan un rol positivo tanto para la modulación del sistema inmune como para protección ante infecciones y otros males”.

De ahí que tomarlos permita nivelar en número y tipo estas bacterias beneficiosas para reconstituir aquella dosis positiva que se perdió. Nuestra calidad de vida mejora sustancialmente al tener nuestra flora bacteriana equilibrada, aumenta la inmunidad a las alergias, baja la ansiedad y se eleva la energía que pierde el cuerpo en esta lucha constante de desequilibrio intestinal.

Incorporar los probióticos como un hábito, en grandes y chicos es una buena alternativa para suplir aquella dosis deficiente en nuestro organismo. En ese contexto, Felipe Dussaillant, Director de BioCare Chile, cuenta que “ellos cuentan con productos del más alto nivel, siempre usando ingredientes Premium, con la menor cantidad de excipientes y de la más alta pureza. Además, es una marca que fue creada por profesionales de la salud, siempre bajo una exigente línea de investigación clínica”.

La oferta es variada y existe una gama para cada necesidad. Por ejemplo, el probiótico Bioacidophilus tiene potencias de 10, 30 y 75 billones, y permite restablecer la flora bacteriana beneficiosa según su función, mejora la digestión, elimina toxinas, fomenta inmunidad, reduce la ansiedad, favorece la salud cardiovascular y ayuda en la baja de peso. Además, viene con fibra prébiótica incorporada, lo que potencia la acción de las bacterias.

Valeria Riquelme, nutricionista con estudios de Miocrobiota Intestinal en el INTA de la U. de Chile, señala que además existen probióticos “con más potencia” que son los que se
indican cuando una persona tiene alguna necesidad específica como constipación, dolores de estómago diarios, colon irritable, alergias, asma, etc. En enfermedades más severas, como cáncer o Enfermedad de Chron, también es muy beneficioso el uso de probióticos, siempre con un seguimiento de un equipo médico.

La doctora Ana María Agar, experta en inmunología, es un referente en materia de alergias y el uso de probióticos como una buena forma de combatirlas. Según cuenta, “el uso de probióticos puede ser como ayuda el manejo de sintomatologías para rinitis alérgica, porque estimulan la inmunidad. Quienes presentan cuadros alérgicos tienen las defensas más bajas, con tendencia a infectarse por ejemplo con sinusitis o faringitis recurrentes. En ese sentido los probióticos ayudan a fortalecer el sistema inmune”.

También se pueden administrar probióticos a niños y lactantes. Según la doctora Agar, “se puede administrar el uso de probióticos en niños pequeños, sobre todo para aquellos que tienen padres alérgicos, ya que los ayudará a tener una buena microbiota y a prevenir futuros cuadros alérgicos en forma precoz”. Incluso agrega que una madre embarazada o en período de lactancia también puede consumirlos y traspasar sus beneficios a su hijo”.

Lo importante, en todos los caso, es incorporarlos como un hábito de consumo para equilibrar nuestras bacterias positivamente y de esta forma mejorar nuestra calidad de vida.