El color ha acompañado a la humanidad desde los inicios de las primeras culturas que intetaron interpretar la naturaleza y sus vidas en dibujos y objetos de arte, desarrollando luego técnicas de teñido a base de plantas hasta las más sofisticadas maneras artificiales de lograr pigmentos que hoy nos permiten decorar cómo nos de la gana cualquier lugar de nuestro hogar.

Cada civilización y cultura han tenido su propia interpretación emocional de los colores y esta ha ido variando a lo largo de la línea de tiempo. Hoy, si bien contamos con una casi infinita variedad de tonalidades y posibilidad de mezclas, hay una cierta unanimidad de criterios para su significado.

Rojo: Es el color de la sangre, simboliza intensidad, vitalidad, actividad, poder, seguridad, ambición. Un ambiente en las tonalidades del color rojo será un lugar activo, vivo y con energía. Ideal para cocinas, comedores, o salas que quieran calidez junto con acción.

Naranjo: Evoca la calidez, lo excéntrico, la energía, la diversión, el entusiasmo. Menos agresivo que su vecino el rojo, es un color que también se asocia a la conexión espiritual y la fortaleza personal. Los tonos anaranjados darán calor, sin agresividad y pueden darle un toque muy personal y sofisticado a tu ambiente, todo depende del equilibro, como siempre.

Amarillo: Con emociones asociadas como la felicidad, la alegría, la creatividad, la inteligencia y el optimismo, el amarillo es un color sonriente, luminoso y lúdico. Las tonalidades de este color le darán a tu ambiente claridad y llamarán a la apertura, como la pieza de los niños, por ejemplo, pero detalles en este color le darán a cualquier sala el toque necesario para romper con la seriedad.

Verde: Frescura, naturaleza, vida, renovación, equilibrio y tranquilidad. El verde es un color frío que se asocia desde la Edad Media a la esperanza y hasta nuestros días está en el inconsciente como tal. Como sea, lo cierto es que este color y sus tonalidades pueden darle el toque de aire fresco que puedas necesitar y llamar a la armonía. Ideal para espacios que son multipropósitos porque no despierta pasiones, pero sí mantiene la vitalidad necesaria para seguir adelante.

Azúl: Frescura, inteligencia, estabilidad, prestigio, confianza, profundidad. El color azúl es otro color frío que llama a la calma y al orden, dependiendo, por supuesto, de la tonalidad, será la seriedad que le dará al ambiente, siendo los más claros y brillantes los más livianos en sensación.

Índigo: Es el color de la profundidad, de lo sagrado, lo importante y mental. Más allá de las virtudes asociadas, el índigo o el añil, no es comúnmente utilizado en grandes espacios ya que, aunque es un color pacífico, es un color que llama también a la introspección por lo que no queda en sensación neutra para quienes se exponen a él. Es un buen detalle para dar sofisticación, pero es más recomendado para espacios personales y calmados.

Violeta: Paz, pensamiento, suavidad, templanza y reflexión. Místicamente también se asocia a la transmutación, a los cambios de energía. Este color y sus tonos sirven para dar tranquilidad a un espacio, por lo tanto úsalo para lograr ese efecto en el ambiente que lo requiera.