El cambio de temperaturas y la cantidad de luz hace que nuestro organismo naturalmente se ralentice, pero no responde tanto a una necesidad real sino más a un estado de ánimo que estas condiciones hacen más afín. Por eso, en invierno, también tendemos a relajarnos más en cuanto a una alimentación sana prefiriendo más dulces que verdes y una serie de otros cambios que no tienen ninguna razón de peso, más que la sensación de frío y a la ansiedad. A continuación, derribamos 5 mitos ¡para que no caigas otra vez este invierno!

1- Con bajas temperaturas necesitamos más calorías. Claro, si estuviéramos a la intemperie y viviéramos de la caza del día, sería una razón seria, pero hace mucho que el mundo moderno dejó atrás esas características y lo cierto es que el cambio de estación, hoy por hoy, no exige ninguna necesidad de aumentar nuestra ingesta de calorías ni de grasa. Es más, si fuera por influir, estadísticamente en invierno tendemos a reducir nuestra actividad física por lo que, contrario a la creencia común, si es por cuidar el equilibrio, en la estación fría deberíamos incluso reducir la cantidad de comida ya que nuestro gasto energético tiende a ser menor.

2-No importa si bebemos menos agua. Dan menos ganas de tomar agua, es cierto, pero no es verdad de que no la necesitemos en invierno. A pesar del frío, seguimos sudando y perdiendo agua a través de nuestra respiración (al exhalar) y al orinar, y es importante seguir reponiendo ese líquido. Además, podemos considerar infusiones calientes, sopas, etc. Es importante recordar que, según los expertos, para cuando sentimos sed el cuerpo ya lleva hora y media pidiendo agua.

3-Debemos cambiar nuestra alimentación. Esto es falso, podemos mejorar nuestra nutrición variando los alimentos según la disponibilidad en cada estación y así aprovechar al máximo los productos, pero no debemos dejar fuera ningún grupo alimenticio ni cambiar la proporción base de estos, necesaria para una alimentación saludable.

4-Lo que comemos no nos ayudará realmente contra las enfermedades típicas del invierno. Las vitaminas y nutrientes que consumimos a través de nuestra alimentación tienen mejor biodisponibilidad que los que consumimos como suplementos. Es decir, nuestro cuerpo absorbe de mejor manera lo que ingerimos desde los alimentos que desde un píldora, por lo que, si en invierno nos enfocamos en comer lo que sea rico en vitamina C, B, A, E estaremos fortaleciendo de mejor manera nuestro sistema inmunológico.

5- Gastamos más calorías ejercitando en invierno. Según resultados expuestos por Thomas J. Doubt. en Physiology of Exercise in the Cold. Sports Medicine 11(6).367-381, 1991. El fenómeno de liberar ácidos grasos al torrente sanguíneo que se ve cuando nos exponemos a bajas temperaturas no se ve potenciado al hacer ejercicio en el frío. Así lo demostraron los estudios científicos donde ciclistas ejercitaron a 0 Cº y a 22 Cº, logrando una mayor rotura y quema de grasas a 22 Cº que a temperaturas menores . Igual que ocurrió con nadadores que entrenaron en aguas a 18 Cº y 28 Cº (hubo una mayor concentración de ácidos grasos en sangre a 28 Cº). Luego se demostró que debido a la vasoconstricción es más difícil quemar grasas en invierno haciendo ejercicio, por lo tanto, es un mito que adelgazaremos ejercitándonos en bajas temperaturas ya que nuestro cuerpo le es más fácil quemar cuando las temperaturas son más altas. Por lo tanto, no sufras corriendo en las heladas, más vale evitar un resfrío y sigue tu rutina deportiva y de alimentación, como de costumbre.