Mientras en Chile, hasta hace un mes atrás, se discutió por nueve meses el protocolo de Objeción de Conciencia Institucional, mediante el cual hospitales o centros de salud que recibieran aportes del Estado podían decidir no llevar a cabo abortos bajo las tres causales aprobadas en nuestro país, la semana pasada, en Argentina, se aprobó en la Cámara de Diputados la despenalización del aborto hasta la semana 14 de gestación.

Esta votación hace que la ley siga su curso y el debate se instalará en pocas semanas en el Senado transandino donde muchos parlamentarios, como Daniel Lipovetzky del PRO, creen que cuando lleguen a esa instancia surgirán adeptos a este proyecto tal como ocurrió en la Cámara Baja, donde finalmente -y contra pronóstico inicial- se reunieron 129 votos a favor v/s 125 en contra y una abstención.

¿Pero cuáles son los efectos previsibles de la aprobación de esta ley traspasando Los Andes? Para entenderlo mejor, revisemos algunos datos.

Según un informe de la Organización Mundial de la Salud y el Instituto Guttmacher, desde 2010 a 2014, anualmente se produjeron 25 millones de abortos peligrosos en todo el mundo, es decir 45% de los abortos. De este número, 97% corresponde a países en vías de desarrollo en África, Asia y América Latina.

En América Latina y el Caribe, actualmente, solo en Cuba, Guyana y Guyana Francesa, el aborto es legal y no tiene restricción. En Uruguay también lo es, pero solo dentro de las primeras 12 semanas. En tanto, en Brasil, Ecuador, Paraguay, Venezuela, Bolivia, Perú y Chile, es permitido con excepciones. México presenta una situación especial ya que, al ser un país federal, solo en Ciudad de México es legal.

En Chile, desde septiembre de 2017 se pueden practicar abortos bajo tres causales: riesgo materno, inviabilidad fetal y violación. Mientras para los dos primeros casos no hay plazos; en el último, el límite son 12 semanas y 14, si se trata de una menor de edad. Por otra parte, si bien las instituciones de salud no pueden aducir Objeción de Conciencia, sí lo pueden hacer los médicos basados en creencias y convicciones personales.

Este escenario deja las siguientes cifras registradas por el Ministerio de Salud desde la aprobación de la ley: 193 abortos y 27 casos en los que la madre optó por continuar con su embarazo, pese a calificar para interrumpirlo.

Todos estos elementos hacen que expertos y organizaciones coincidan en que, por una parte, todas aquellas mujeres en Chile que no califiquen para abortar y tengan los medios económicos, viajarán a Argentina para realizárselo, dado la cercanía y el nivel del sistema sanitario.

Así lo han declarado, por ejemplo, la ex ministra de Salud Helia Molina, que piensa que se generará “un turismo médico” al país transandino; y el vocero de Médicos Comprometidos por la Vida, Luis Jensen, quien afirmó que los casos de mujeres que salen de Chile para interrumpir sus embarazos siempre han existido y ahora podrían darse más. Pero, por otro lado, muchos personeros del mundo médico y parlamentarios chilenos creen que esto podría empujar un nuevo debate sobre una legislación menos restrictiva al respecto en nuestro país y llegar a la despenalización total del aborto; como manifestó la semana pasada Francisca Crispi, presidente de la Comisión de Género y Salud del Colegio Médico: “es lógico que las organizaciones de mujeres que históricamente han levantado la demanda del derecho de decidir, vean la situación de países vecinos como un ejemplo y se empiece a instalar la discusión sobre aborto libre”.

El tema ya está en el tapete y para algunos, la hipótesis del “turismo médico” es una exageración, mientras que para otros, la ley chilena parece ser indebidamente rígida… ¿Qué piensas tú?

Por Marta Sánchez