Marianne Kohler (@espacioaguadeluz) es Psicóloga Clínica formada en la visión Humanista Transpersonal con Postítulo en Terapia Estratégica Breve. Diplomada en Terapia Floral y Reiki. Directora y Fundadora de Espacio Terapéutico Agua de Luz,  www.espacioaguadeluz.cl 

La envidia es un sentimiento común que todos hemos tenido, pero que nos cuesta tanto reconocer ya que hacerlo es asumir una parte de nosotros no perfecta, una parte, sin embargo, sumamente humana. Y sí, somos humanos y como tal, sentimos envidia. Pero también tenemos dimensiones divinas y debemos transformar ese sentimiento para poder seguir avanzando.

Melanie Klein (1988) habla de la envidia como el sentimiento de enojo que se tiene cuando otra persona posee y disfruta algo deseable, siendo el impulso envidioso el de quitárselo o echárselo a perder y Kant (Kant, citado en Borg, 1988), se refiere a la envidia cuando una persona ve con dolor el bien de los demás, aún cuando éste no acarre ningún daño para el bien propio. ¿Tan alejados estamos el uno del otro que la felicidad ajena es como una amenaza para nosotros? Nos duele, en vez de compartir la dicha.  Este especial sentimiento no sólo nos aleja de los demás sino también de nosotros mismos, de nuestro propósito y potencial, además de cortar con la rueda de la abundancia y ser un freno automático hacia nuestras metas y objetivos.

Lo que más y mejor caracteriza a la verdadera envidia es el deseo de que el otro no tenga lo que tiene, de que no sea verdad que lo tenga, de que no sea cierto su éxito. Generalmente, esta emoción surge debido a que se padecen frustraciones personales, baja autoestima, o a la dificultad de poder conseguir objetivos que se han planteado en la vida. La envidia es el fiel reflejo del miedo y la inseguridad, ya que no solo no confiamos en lo que la vida tiene para darnos sino que tampoco confiamos en nosotros, por eso, creemos que no somos capaces, que somos pequeños y que no tenemos las herramientas, y cuando vemos que la otra persona logra lo que quiere, esta sensación de inseguridad se hace aún más presente.

Lo terrible de la envidia es la duda que genera. Al envidiar, ponemos en tela de juicio el por qué la otra persona ha obtenido algo en lugar de nosotros (¿por qué ella y no yo?) y es en ese preciso instante cuando desconectamos el valor humano. Todos somos uno y estamos unidos, entonces creamos separación en todos los niveles, entre nosotros con los demás y entre nosotros con nuestra luz, desconectándonos de nuestro potencial. Esto impide, aún más, que logremos lo que queremos, por lo tanto, se genera un círculo vicioso de resentimiento, duda y miedo, que nos hace vibrar muy bajo. Al envidiar lo que envidio, me demoro mucho más en obtenerlo.

Sin embargo, cuando hemos trabajado nuestras inseguridades, somos conscientes de nuestras herramientas, confiamos en nosotros mismos y cuando de verdad vibramos abundancia, tenemos la certeza de que alcanza para todos. Si ellos pueden, yo también. Cuando realmente nos ponemos contentos por el otro, nos motivamos a nosotros también cumplir aquello que la otra persona pudo. Ante el éxito ajeno, tenemos dos opciones: envidiar o inspirarnos. La envidia emana puramente del ego, buscando separación. En cambio, la inspiración es la certeza de abundancia, es motivador y también se activa cuando vemos los logros ajenos. Es confianza de que nosotros también somos parte y podremos  y esto nos une aún más con el otro. Hay que tener la profunda certeza de que alcanza para todos, y que mientras más envidio, más me alejo de esa fuente. Mientras más me alegro genuinamente, mayor es mi capacidad de expansión hacia lo que quiero.

Toda la envidia que experimentemos, debe estimularnos a comprender lo alejados que estamos de nuestra auténtica finalidad. ¿Por qué el éxito del otro nos hace daño en el corazón? Reconozcamos aquellas cosas que nos provocan envidia, sanemos esa parte de nosotros que hace que tengamos esos sentimientos y convirtamos eso en inspiración. Démonos cuenta de que la razón por la cual estamos viendo estas cosas es para mostrarnos que nosotros también podemos tenerlas. La próxima vez que sientas envidia, cambia a positivo. Todos somos arroyos de una sola agua, vive según tu finalidad.