Dejar tu vida cotidiana, trabajo, familia, tomar tus ahorros, guagua y partir a viajar por el mundo, puede ser el sueño de muchas. Teresa Razmilic (28) lo hizo realidad y junto a su pareja, Francisco Spencer, decidieron partir hace 8 meses esta aventura junto a su pequeño hijo Lucas que actualmente tiene 2 años.

Para lograr el anhelado viaje, Tere tuvo que vender a su socio parte de la empresa que habían creado hace 3 años (Donnaire) y Francisco dejó su trabajo en Cencosud. Ahorros, Seguro de cesantía y trabajos extras, les permitieron partir.

¿Qué gatilló la idea de este viaje?

Francisco y yo somos viajeros. Al salir de la universidad me vine a recorrer Asia durante 10 meses y él hizo conmigo India y Nepal donde estuvimos tres. La India me volvió loca y la experiencia de viajar por varios meses más todavía. Cuando volvimos a Chile siempre dijimos que teníamos que repetir el viaje. La llegada de Lucas hizo que postergáramos un poco los planes, pero la ansiedad nos ganó. Lucas tenía un año y medio y decidimos partir.

Viajar con guagua no debe ser fácil… ¿Cómo fueron las primeras semanas?

La primera parada fue Madrid. Mi mamá es española, por lo que tengo la mitad de mi vida allá. Las primeras semanas de viaje no fueron diferentes a Chile. Pero en Asia, sí fueron un poco más complicadas. La idea del viaje no era recorrer muchos lugares, ya que los dos conocíamos bien el sudeste asiático. Pretendíamos instalarnos en un sólo lugar y vivir la vida de forma diferente. El lugar que elegimos fue Bali, específicamente, Canggu. Es súper tranquilo, pero hay un millón de restaurantes, cafeterías, co-works, tiendas y lugares para niños. Encontramos un jardín para niños extranjeros, clases de crossfit en la playa, escuelas de yoga, un profesor de surf y nos instalamos. Con eso ya no necesitábamos nada más. 

¿En algún momento, pasado el entusiasmo te arrepentiste? 

Para nada. ¡Sólo me arrepiento de no haberlo hecho por más tiempo! Sí pasé “sustos”. El primer mes Lucas no quiso comer absolutamente nada. Sólo tomaba leche y eso nos tenía bastante preocupados porque empezó a bajar de peso. Creemos que fue un tema de adaptación, porque de la noche a la mañana volvió a comer relativamente normal. También un par de veces se enfermó con fiebre súper alta y estando aquí piensas al tiro en dengue o malaria.

Más que arrepentimientos ha sido puro agradecimiento. Ver a Lucas disfrutar, ver a Francisco estar las 24 hrs con él y estar juntos en una rutina creada por nosotros, es lo mejor.

¿Mayor desafío?

Nuestros desafíos diarios no implican estrés, ni problemas entre nosotros. Tomamos decisiones en conjunto y por lo general estamos alineados con nuestros pensamientos, por lo que el día a día avanza sin problema. Los verdaderos desafíos surgieron antes de partir. El tomar la decisión, el decir: Ok, tengo x ahorros, me sirven para muchas cosas:  educación de mi hijo, un departamento más grande, invertirlos; etc. Tener las ganas de viajar es fácil, pero cuando llega el momento uno le da mil vueltas

¿Qué echas de menos?

Yo nada. Francisco un churrasco italiano y el pastel de choclo. Hablamos con nuestras familias a diario. Hoy en día con WhatsApp, Facetime, etc. se hace difícil echar de menos. Obviamente tenemos ganas de verlos, estar con ellos, salir a carretear un rato, los ricos almuerzos familiares, pero después seguiríamos viajando. 

Creo demasiado en esa frase cliché que dice que “el mundo es como un libro y el que no viaja sólo ha leído la primera página”. Hay lugares tan increíbles que ni una foto le hace justicia y hay que conocerlos con los propios ojos. Es un estilo de vida que me gustaría adoptar, sin llegar al extremo de ser esa gente que deja todo y se va para siempre. Yo tengo claras mis raíces, es por eso que me gustaría ir y volver infinitas veces. Aparte, nuestros cercanos echan de menos a Lucas. Es el primer nieto por los dos lados, así que mueren por verlo y nosotros también estamos ansiosos con el reencuentro.

¿Lugares favoritos en este viaje?

El número uno sin lugar a dudas, Bali. Se robó nuestro corazón. La gente te conoce y te saluda en la calle. A Lucas le regalaban chocolates y choclos a las brasas en la playa y nosotros hicimos varios amigos. Te sientes cómodo en la isla, es segura, la gente es buena de alma, tiene templos y cultura,  playas de todo tipo,  surf, buceo, yoga y deporte. El estilo de vida que tuvimos en Bali no lo hemos conseguido en ni un otro país. Además de Bali, hemos estado en Paris, Ámsterdam, Bangkok, Kuala Lumpur, Singapur, Tailandia y Cambodia.

Ahora estamos en lo que se ha transformado en uno de mis destinos favoritos, Sri Lanka. Ha sido todo un descubrimiento y me tiene completamente enamorada. Después de esto nos quedan todavía unos días antes de volver a Europa y deshacer lo hecho para volver a Chile. 

¿Al volver que te gustaría cambiar de Chile?

Muchas cosas. Pero si debo centrarme sólo en una, sería la delincuencia. En Bali tu puedes salir en tu moto, parar en el supermercado, dejar el casco apoyado en el asiento, dejar el celular en la guantera de la moto (un compartimiento abierto), entrar al supermercado, comprar lo que necesitas, se te puede quedar la billetera en la caja, subirte a la moto e irte y al día siguiente tu billetera va a estar intacta en el mismo lugar, tu casco y tu celular también.

¿Qué consejo le darías a alguien que esté pensando en este tipo de viaje?

Que lo haga. Irse no implica para siempre, puede experimentar, viajar, tratar y si se equivoca, siempre podrá volver.  Probablemente la vida no haya cambiado demasiado al regreso, pero la experiencia los va a cambiar a ellos y va a crear ese interés por conocer el mundo, respetarlo y cuidarlo. Viajar genera tolerancia y apertura de mente. Ser viajero no es lo mismo que ser turista, el viajero ve los viajes como parte de su vida.