Por:Carlos Enrique Pellegrini.Analista de Social Media en Emirates AirlinesFB: travelpads IG: travellingpads

Asistir a una boda tradicional India implica sumergirse en (al menos para el observador occidental) una realidad paralela. De diversas maneras, un evento de este tipo nos permite presenciar aspectos de una cultura tan lejana como divergente de la nuestra.

Mares de gente
Una marea de invitados desborda del salón principal. Un ejército de meseros procura saciar el hambre de las masas distribuidas en largas mesas comunitarias. Me atrevo a estimar al número de personas en los cientos y no sería sorpresa que llegara al milenio. Pregunta obligada, realmente conocen tanta gente? La respuesta usual es afirmativa, familia, amigos, vecinos, conocidos, pero también, familia de los amigos, primos de los vecinos, conocidos de los amigos, y porque no?, el casual transeúnte que es invitado a participar. El corazón se expande y la comida fluye en abundancia divina.

Corderos en la noche
Al retorno de un día agitado pero enriquecedor por la zona del Delta de Kerala (conocida por los locales como “Backwaters”) fuimos partícipes de un inusual acontecimiento. Habíamos regresado a la casa de los padres del flamante novio para degustar bocados típicos de la región y compartir nuestras experiencias diurnas. El ambiente era festivo y las miradas nunca dejaban de recaer sobre nuestro grupo, los que éramos diferentes,
vestíamos diferente, hablábamos diferente. La familia anfitriona performaba malabares para hacernos sentir bienvenidos y a gusto y sus esfuerzos denotaban una intensa curiosidad hacia nuestra cultura. El sentimiento era recíproco. Nos despedimos con un cariño
revelador, besos y abrazos anunciaban el fin de un día memorable. Nos dispusimos a salir de la residencia cuando notamos que un alboroto arrollador tomaba protagonismo. En reversa, un camión repleto de corderos se acercaba sigilosamente hacia nosotros. Nuestra curiosidad demandaba una explicación. Así fue que uno de los primos del novio nos iluminó en materia de catering tradicional. Simple, el almuerzo había llegado. Es tradición en algunas familias musulmanas de la India carnear los animales en la misma casa de residencia y así preparar la comida para los cientos de invitados. Los ovinos descendían desorientados del camión y emprendían ese trayecto final para cumplir con su propósito culinario.

Rituales y colores
Podría afirmar que una de las características que más cautivó mi atención, fueron los intensos colores que adornaban la escena. Observo las fotos capturadas en los días previos al evento e inevitablemente distingo una paleta de colores vivaces que emanan de las vestimentas típicas. En el centro de esta intensa expresión festiva, se encuentran los novios, como protagonistas de este relato y autores del momento. Obnubilados por la
pasión del momento, observan a decenas de familiares realizar su ofrendas simbólicas en la forma de frutas, dinero y adornos. La flamante prometida es la que secuestra mi atención. Su semblante irradia una suerte de templanza que amortigua una emoción desmedida. Ella permanece inmóvil en su trono y cobra una autoridad de belleza que me impide retirar la mirada.

Fotografía sin limites
Al ingresar al precinto del evento, somos dirigidos a un gran salón que viste todos los atributos de una sala de teatro. Tomamos nuestro asientos procurando la mínima proximidad con la tarima. Allí, elevados del resto, en una postura señorial y cautivante, se encuentra la pareja. Nuestra ignorancia en materia de bodas indias nos mantiene expectantes e inmersos en el momento. Así es como un interminable desfile de familiares,
amigos y conocidos cobra vida sobre el escenario. Comprendimos en ese instante que ocupábamos nuestros puestos en la dulce espera de esa oportunidad para fotografiarnos y compartir la felicidad de los novios. Nos llamaba la atención la cantidad de gente hambrienta de ser parte de esta ceremonia. Evidentemente, los agasajados no tenían total
conocimiento de cada persona que ocupaba su puesto para capturar esa foto icónica, pero no importaba, era un momento para compartir con el mundo entero. La riqueza de esta experiencia no solo descansa sobre las costumbres y rituales de los que fuimos partícipes. No fueron solo los colores, la hospitalidad de la gente o la belleza de la novia. Fue mucho más. Fue descubrir una realidad alternativa a la nuestra. Fue un acercamiento a la raza humana a través de una cultura tan distante a la nuestra.