Por: Catterina Siri, directora editorial Stampa Magazine.

 

Cada vez que se usa el calificativo valiente solemos traer a nuestra mente la idea de un conflicto, lucha y enormes desafíos. Si además agregamos el sustantivo mujer, entonces la frase “mujer valiente” se transforma en una imagen que, acompañada de los acontecimientos recientes, presenta una figura combativa, lista para defender sus derechos y su visión a toda costa y a cualquier precio.

Es cierto que los movimientos sociales se comportan como péndulo y, tal vez, este sea un momento donde la idea se arrastra al extremo y, aunque a muchos le cause recelo, está bien y es normal que así sea… Se remueve el terreno para luego volver a un estado de calma con nuevos paradigmas.

Aún así, quisiera dedicar esta columna a la valentía menos vista, no tan grandilocuente, pero que también hace suyo el llamado a respetarse a sí misma por sobre cualquier rol o estereotipo, porque hoy ningún rol nos define y ningún estereotipo nos encierra. Como tampoco ninguno de ellos es ya una excusa para no alcanzar nuestros anhelos.

Como mujer adulta, hoy, puedo decir que he aprendido a ser valiente, porque he desafiado la forma convencional en muchos aspectos en pos de mis decisiones de vida, haciéndole un espacio a mi voz, aunque eso haya costado largas noches de angustia, llantos silentes y conversaciones incómodas y difíciles. Tengo la idea clara de qué es lo que quiero y mi proceso de vida me ha enseñado a tomarlo y llevarlo adelante determinadamente, tratando que sea siempre desde el amor que construye y no la rabia que mal llevada puede ser muy contraproducente. Todo lo anterior requiere trabajo y cuesta. En eso están muchas cada día, de a poco, pero sin flojera.

La mitad de la población de Latinoamérica son mujeres, cada una con su propia lucha cotidiana, algunas por ser madres, algunas porque no quieren serlo, otras porque quieren desarrollar sus capacidades y proyectos, otras por educación, libertad, autonomía… la lista es infinita. Cada cual con su propia historia y aprendizajes, que hoy, quizás como nunca antes en la historia, se pueden respaldar en un sentir común femenino, colectivo, que no estamos solas, sea lo que sea que queramos lograr, sea cual sea el tiempo que nos tome.

Es difícil transmitir que los logros se alcanzan desde lo aprendido y también desaprendiendo, hay mucho que agradecer y volver a crear. En ese proceso cuesta encontrar una voz en calma que de ánimo y nos muestre a una mujer real. Stampa Magazine existe desde la cotidianidad de dos periodistas amigas que siendo adultas, y ambas en proyectos de vida diferentes, nos sentimos respaldadas y entendidas creando un espacio común para cualquiera como nosotras. Este es un período con muchos cambios personales para ambas, otro hijo en camino para Fran y para mi, pronto partir a otro país. El desafío entonces ahora es abrirnos a más mujeres, llegar a más de nosotras para seguir respaldando el ser mujer con valentía, respeto y amor, como sea que lo hayas definido, desde cualquier punto, agrandar el abrazo de energía y comprensión que, semana a semana, le damos a todas las mujeres con nuestro particular sello. Síguenos y continuemos adelante.