Por: Camila Silva Madariaga (@espacioaguadeluz). Psicóloga infanto juvenil con diplomado en psicopatología del niño y el adolescente. Actualmente cursa diplomado relativo a Parentalidad, Apego y Desarrollo. En la actualidad se desempeña como psicoterapeuta en Espacio Terapéutico Agua de Luz.

Hace unas semanas viví mi primera experiencia de duelo cercano, llego sin avisar, no se si me sentía tan preparados, pero de repente estábamos como familia vivenciando miles de emociones, sobre todo una inimaginable tristeza. Muchos comentarios bien intencionados como que “todo será para mejor”, “estará en un mejor lugar”, “ahora debe descansar”. En ese momento suena tan paradójica la idea de sentir tranquilidad, a pesar de que, de cierta manera, el fallecimiento de una persona mayor es esperable. Mirando para atrás, lo único que puedo observar es un silencio absoluto, cada individuo viviendo su duelo de una manera tan íntima, en este espacio sobran las palabras, solo el ser sintiendo en todo su esplendor.

Cuando hablamos de duelo, no podemos olvidar de que es un proceso sumamente personal, donde no existe fecha única de expiración, cada persona lo vive como debe vivirlo y con los recursos que puede echar mano en ese momento. Los duelos no siempre se asocian a una persona, también pueden ser por nuestras mascotas, momentos o vivencias. Desde nuestras tradiciones, tendemos a eludir lo que significa pérdida o muerte, así se nos hace más fácil vivir, olvidando que existen fines. Nos apegamos a la idea de que todo es permanente, cuando en la experiencia misma podemos vivenciar que no es así.

Muchas veces nos quedamos con mucho que decir o hacer, lo que puede generar culpa o preguntas como ¿Qué hubiera pasado sí…?, las que tienden a aparecer como cadenas pesadas que nos llevan a cuestionarnos cómo actuamos y que de alguna forma u otra, nos alejan de que nuestro proceso de duelo sea sanador. Si bien no existen pautas para resolver un duelo, si existen ciertas nociones para poder sobrellevarlo de forma saludable y en pos de nuestro bienestar emocional:

1. Permite-te expresar lo que sientes: las emociones que surjan, deja que aparezcan, que se liberen. Date permiso para expresar y compartir tu dolor.

2. Date un tiempo: Cada individuo es único por lo que necesita de tiempos y ritmos diferentes, podemos ir más lento cuando lo necesitemos.

3. No te descuides: Si bien es normal sentir dolor, preocúpate de ti, de tu auto-cuidado, de hacer algo por ti que te haga bien.

4. Mantente cerca de tus redes de apoyo: Los vínculos siempre serán claves para  sobrellevar instancias de dolor, apóyate en ellos.

5. Tiempo fuera: Si te sientes muy abrumada, busca vías de escape personales que te aporten calma, esto puede ayudarte a no sentirte tan triste. Esto no esta mal.

En la vida, se espera que se tengan al menos dos duelos, sin duda que el primero marca, marca fuerte y te lleva a cuestionarte cómo estabas viviendo hasta ese minuto, no sé si nos haremos más fuertes después de una experiencia así, pero de todas maneras nos lleva a cuestionarnos ciertas nociones ya instauradas, a dedicarnos más a vivir en el presente, el famoso –aquí y ahora- que tanto predicamos, pero que pocas veces tenemos la fortuna de habitar. Por mi parte por lo menos, dejo la invitación cursada a permitirnos sentir en el espacio presente, no está mal sentir tristeza, tener menos ganas de hacer algo que antes disfrutabas o incluso sentir menos ganas de conversar. Cada día que pasa, es un día ganado en la capacidad que tienes de conocerte profunda y sentidamente, de conectar con tus recursos y darte la posibilidad de vivir el duelo a tu manera.