Marianne Kohler (@espacioaguadeluz) es Psicóloga Clínica formada en la visión Humanista Transpersonal con Postítulo en Terapia Estratégica Breve. Diplomada en Terapia Floral y Reiki. Directora y Fundadora de Espacio Terapéutico Agua de Luz,  www.espacioaguadeluz.cl 

En las tendencias del últimos tiempo, se han abierto muchos temas de discusión que antes eran impensados: la relación con la maternidad, las diferentes formas de alimentación, las nuevas maneras de trabajar y generar recursos, las ideas de liderazgo, el rol de la mujer, etc. Esto ha hecho que, como sociedad, podamos abrirnos a otras maneras de pensar, lo que implica dejar atrás y soltar lo que creíamos que era, para poder mirarlo de una manera distinta. Estos procesos, en su mayoría, nos llevan a la unión con los demás, a disminuir las brechas de discriminación y a respetar la individualidad de cada uno, es como el mundo va avanzando y genera que podamos ser más libres en nuestros pensamientos y decisiones, habiendo más espacio para lo que cada uno es y decide ser.

Sin embargo, es importante que en este proceso, podamos tener la libertad última de realmente resonar con lo que somos, más allá de lo que socialmente esté ocurriendo o se esté esperando de nuestra conducta. Tenemos el derecho a estar a favor de los fenómenos que surgen, como también para cuestionar. La sociedad en general, nos invita a ser distintos de lo que somos, con un tinte de qué es mejor y qué eso es lo correcto. Evidentemente, son mejores todos los cambios y avances que hacen que podamos estar más conectados con el otro, con más puntos de encuentro, pero también es importante preguntarse cuánto de esto es verdad para mí y cuánto no, para que no sea lo que la sociedad nos dicte, sino lo que es realmente acorde conmigo.

Aún así, esta verdad no es última ni estática, puede re-definirse cada vez que nosotros necesitemos, a medida que vamos teniendo nuevas experiencias, que vamos creciendo y avanzando, como lo plantea Humberto Maturana, el derecho a cambiar de opinión es un nuevo derecho. Lo importante es nuestro autoconocimiento, para poder expresar realmente quienes somos, rompiendo patrones de conducta que tenemos establecidos y que no nos permiten avanzar, hábitos que van en contra de lo que queremos manifestar y estilos de vida que no ayudan a sentirnos mejor. A veces, la invitación puede ser a aprender a decir que no, lo que es un proceso liberador para nosotros, sin que nos haga dudar de quiénes somos.

Con esto, también se hace importante no solo la expresión sino que también la recepción del mensaje. Es fundamental que permitamos la expresión de la individualidad del otro, aunque no sea lo que yo espero de él o que su verdad no sea la que yo creo que es mejor, sin ser objeto de nuestro desprecio o cuestionamiento. Mejoraremos las relaciones entre nosotros y avanzaremos como sociedad, a medida que cada individuo vaya encontrando su propia verdad, aprendiendo a vivir según ella, permitiéndose ir más allá de lo socialmente establecido o la tendencia imperante.

Uno de los aportes que podemos hacer a al mundo es poder estar alineados con nuestra esencia y convertirnos en personas que nos permitimos ser y pensar desde lo mejor de nosotros. A veces, mi verdad está muy lejos de ser lo que la familia o mi círculo o entorno espera de mí y debemos aprender que eso está muy bien también.